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La nueva imagen institucional del Gobierno de Luis Arce Catacora ha generado discusiones en las redes sociales acerca del mensaje que se pretende emitir a través del mismo y de los símbolos que utiliza. Según sus creadores, la imagen reivindica la lucha por la democracia y la diversidad cultural. Está construida con 24 texturas, colores y símbolos representativos de las regiones del altiplano, los valles, la Amazonia y el Chaco.

El diseñador gráfico Érick Arnez advierte que los colores principales que representan a Bolivia no están en ningún lugar. “El logo no tiene ‘branding’ boliviano. No representa en nada el ADN de Bolivia”, asegura Arnez.



De igual manera, el catedrático de Comunicación Max Tórrez califica de confusa la imagen institucional y a sus autores de “faltos de creatividad porque no cumplen reglas elementales del diseño de logotipos o isotipos”.

Llama la atención la acumulación de símbolos de un país pluricultural que, en términos de lenguaje de la imagen, no es otra cosa que una sobrecarga de gráficos, lo que dificulta su decodificación. El logotipo que se explica por parte del emisor no cumple el requisito indispensable de comunicación simple”, menciona Tórrez.


Para la artista visual Roxana Hartmann, el concepto de la imagen parte de una idea errada. “No contempla las mínimas cualidades de un logotipo: simplicidad, escalabilidad, pregnancia. Es una gestión absurda gastar tiempo y recursos para implementar una identidad que solo representa una postura egocentrista”, añade.



Finalmente, el publicista y constructor de marcas Sergio Eguino comenta: “Nos enfrentamos con un logo que sigue batallando con el paradigma de la división y el andinismo recursivo expresado por medio de figuritas, colores, formas cruces y caretas ancestrales rebuscadas, que hicieron una oda a la complicación técnica de aplicación y terminaron de sepultar todas las reglas y el principal postulado de la comunicación visual: ‘Mientras más simple mejor’”.


OPINIÓN

Sergio Eguino/Director General Move Group/Constructor de marcas

Nos enfrentamos con un logo que sigue batallando con el paradigma de la división y el andinismo recursivo expresado por medio de figuritas, colores, formas cruces y caretas ancestrales rebuscadas, que sorprendentemente hicieron una oda a la complicación técnica de aplicación y terminaron de sepultar todas las reglas y el principal postulado de la comunicación visual: “Mientras más simple mejor”, “Think simple”, y la tan importante frase, “contrata a un profesional”.

Muy hábilmente intentaron construir la diversidad boliviana expresada en cuadraditos formando la estrella andina, ¿se entiende? Puede ser; ¿querían ser creativos? o mutar el tan gastado “Vivir bien, de 14 años por el “Quedar bien”, con algunos de las 34 o 36 etnias de Bolivia, con un recurso pobre y desgastado desde el millonario logo de Marca País del Ministerio de Culturas tan criticado a Future Brand años atrás.

Lo técnico: Desde un punto de vista de diseño, si podríamos decir que es un tapete o collage, patchwork o álbum de patrones y elementos gráficos que serán el dolor de muelas de “imprenteros”, serigrafistas y de sus reducciones mínimas en nuestro hermoso papel de Papelbol que usa por decreto también nuestras instituciones públicas, es posible muy posible que sea inutilizable por su poca previsión en cuanto a cantidad de colores, tamaños y figuras que se pierden, fondo y forma en proporciones de uso, y muy probable en offset tendrán pequeñas de colores por la cantidad de detalle.

Un estado que nos debe seguridad, igualdad, construcción de valores y principios, seguridad, equidad necesita de una gran idea y expresar eso, no se hace ni se soluciona a dedo, o por decreto, se debe hacer con los mejores.

En este moderno mundo de la imagen institucional, los soportes digitales, el branding o construcción de marcas es muy divertido y triste al mismo tiempo tener que toparnos con estas “sorpresas” ingeniosamente complejas, sin antes llamar a un concurso serio.

Volviendo al tema del Logo, este debe ser el reflejo de un “dedazo de más”, delegar la imagen de un Gobierno o Institución gubernamental debe hacer sentido a una esencia firme y certera un gran mensaje claro, una razón de ser y que deje en toda su institución una huella memorable de lo que representa.

No es culpa del diseñador, ¡jamás!, es la huerfanidad de marca, sin alma, recursiva, de un producto pobre de significado, dependiente de un discurso desgastado y hoy de un catalogo de figuritas. Hoy enfermos de temor por el coronavirus y la falta de salud necesitamos un Estado inteligente, practico, más adecuado a la realidad, moderno, audaz y que comunique certidumbre en un importante mensaje para todos.

No más división, unidos podemos hacer la diferencia.

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