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Las imágenes, desde que Roxana se sacó su primera ecografía que confirmaba su embarazo hasta todos los detalles del tercer cumpleaños del menor de sus hijos los ha compartido en las redes sociales y con orgullo cuenta cuáles han sido los que más likes recibieron. 

Pedro no deja de subir las fotos de su tercer hijo en cada uno de los partidos que este juega en la academia de fútbol a la que asiste, el niño que tiene 10 años le ha pedido que no lo haga, porque ha recibido burlas de sus compañeros, pero Pedro insiste en que hasta que no cumpla la mayoría de edad, él decide qué subir o no del pequeño. “Si él quiere, que después lo baje”, dice burlón el orgulloso padre.

La publicación en redes sociales de nuestra vida familiar está aceptada socialmente y hasta no hace mucho tiempo el exponer públicamente el desarrollo físico, sicológico de los hijos e hijas era visto con cierta inocencia; sin embargo, esa exposición puede traer consecuencias desagradables, cuando ese material es mal utilizado y manipulado por extraños para el ciberacoso, ciberbullying, suplantación de personalidad y en casos extremos hasta en pornografía. 

A ese fenómeno expositivo de las imágenes que hacen los padres de los hijos se lo llama en inglés ‘sharenting’ y es un tema que preocupa incluso a entidades como la Unicef, que advierte acerca de los riesgos que esto tiene.

La palabra sharenting es una fusión de las palabras inglesas ‘share’ (compartir) y parenting (padres, familia) y define la costumbre de compartir imágenes, acontecimientos, noticias y videos de los hijos por parte de los padres en las redes sociales generalmente sin su consentimiento. Puede ocurrir en cualquier etapa de la vida, pero el término hace énfasis en lo que se comparte de la infancia, la adolescencia y de la juventud de una persona; algo que resulta por demás de habitual en la actualidad (se estima que el 90% de los niños occidentales han sido expuestos socialmente en las redes sociales).

“El sharenting es un término nuevo. No tenemos investigaciones que nos puedan decir sus efectos en nuestra sociedad y como no podemos medir su impacto solo nos queda hacer algunas recomendaciones y algún análisis para prevenir sus efectos negativos”, explica Ximena Soto, sicóloga clínica con especialidad en niños y adolescentes.

La especialista advierte que, en primera instancia no se puede descalificar a los padres por subir las fotos de sus hijos a las redes sociales, porque por lo general muchos de ellos tienen una buena intención y un buen objetivo. Incluso, indica, hay padres que comparten sus vivencias respecto a la educación especial de sus hijos que tienen algún problema, para promover la crianza respetuoso o para favorecer la alimentación de los más pequeños.

“Lo importante es preguntarse con qué objetivo el padre comparte esas imágenes ¿por qué expone las fotos de sus hijos?, ¿por qué cada cosa que hace mi hijo yo necesito publicarlo? ¿lo hago no solo pensando en mí, en mi hijo o en los demás? Con las respuestas que encontremos tendremos el impacto de este concepto de sharenting en el yo real, el yo ideal y el yo social de nosotros”, sostiene Soto.

Luces y sombras

Antes de demonizar, la sicóloga prefiere dividir entre las luces y sombras para el niño, los padres y para quienes reciben la información de lo que se comparte en las redes sociales

Si empezamos a ver desde una perspectiva positiva el niño tiene a favor que tiene un álbum de su vida que va a durar durante muchos años, que se puede sentir valorado, porque está constantemente recibiendo la atención de su adulto significativo. Puede también ayudarle a desarrollar ciertas habilidades a través de esta atención que los padres le prestan.

Para los padres hace que se sientan acompañados en la crianza y pueden impartir y recibir consejos y esto los mantiene activos.

A la vez el lado oscuro es que estamos creando una identidad virtual, que no es la misma que la real. “Una cosa es lo que estoy mostrando en las redes y cómo voy adornando la realidad y otra cosa es como se va desarrollando este hijo teniendo en cuenta lo que están mostrando las redes sociales. También dentro de las sombras está que el niño crece sabiéndose visto y reconocido por extraños. 

Eso podría llevarlo a considerar a las personas desconocidas como si fuesen cercanos y podríamos tener un problema de seguridad del pequeño. No nos olvidemos, que los pedófilos acechan y ya sea una foto mal interpretada un dato que sin querer se nos escapa en las redes sociales vulnera el círculo de seguridad que todo padre establece con relación a su hijo. Publicamos, por ejemplo, una foto donde se ve la casa, la dirección, la placa del auto, el colegio, Nosotros exponemos a nuestros hijos sin darnos cuenta y ese material puede ser utilizado de muchas formas”, comenta Soto.

Por otro lado, en el niño o adolescente se genera un problema en el autoconcepto y su autoestima. “Podemos favorecer al exhibicionismo, al narcisismo, a la búsqueda de aprobación y reconocimiento constante. Creando como un falso concepto de pertenencia. Creyendo que esas personas. Por eso es importante, antes de compartir esas imágenes preguntarse ¿qué va a pensar mi hijo cuando vea su foto?, ¿no será que lo estoy exponiendo a que sea objeto de burla de sus compañeros?, ¿no estaré favoreciendo a un ciberbulling?, ¿no estaré generando ansiedad en mi hijo porque necesita ser más veces visto para sentirse poderoso? Son preguntas que uno tiene que hacerse”, insiste la sicóloga.



Padres. No hay que descalificar a los padres por subir fotos de sus hijos, lo importante es saber el objetivo con el que lo hacen.

Consejos

El sharenting es un tema que se debe analizar de manera seria y sin caer en banalizaciones y es bueno seguir algunos consejos, como los que sugiere Ximena Soto y que comparten otros especialistas.

El primero es tener en cuenta el círculo de seguridad personal, familiar, social que le estoy brindando a mi hijo. El segundo es que este acto del sharenting se debe acompañar con explicaciones, cuidados reales de lo que estoy subiendo al ciberespacio.

La sicóloga enfatiza en que “el niño necesita tiempo para estar con sus padres alejados de las pantallas, además de conversar con respecto a la aprobación del otro, conversar sobre el hecho que significa validar, es decir darle valor a las personas, a sus acciones y en especial les diría que lo mejor que podrían hacer es educar a sus hijos en la filosofía de vivir sin juzgar". 

Es decir, agrega la especialista, no esperar que otros tengan un criterio sobre mí ni ir elaborando constantemente criterios, ya sean positivos o negativos de las demás personas”. 

Por otro lado, todo niño tiene derecho a saber lo que se está haciendo con su imagen. "De acuerdo al nivel cognitivo que tiene el hijo, le tengo que mostrar y explicar lo que se hace con ellas, porque muchas veces un hecho que a mí me resultó divertidísimo al niño lo avergüenza o lo hace sentirse mal. En ese sentido no hay que olvidar que también con esas acciones estoy contribuyendo a su autoconcepto y su autoestima”, concluye Soto.


3. Importante. Todo padre y ser humano debe considerar que los niños tienen los mismos derechos que el adulto en mantener su privacidad.

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