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14 de enero de 2024, 4:00 AM
14 de enero de 2024, 4:00 AM

Santiago Laserna Fernández / DOCENTE

Dentro de la urgencia de un nuevo modelo económico para Bolivia surge la necesidad de buscar maneras de diversificar la economía, encontrando nuevas formas de generar productos y servicios que apoyen el desarrollo del país y la generación de empleo.

Aquí ponemos nuestra mirada en la economía creativa; es decir, las industrias que se enfocan en productos, servicios o “experiencias” cuya producción depende más del capital intelectual, la innovación y creatividad humana, que del capital financiero.

Innovar y crear no es tan fácil como parece, tampoco lo es desarrollar la capacidad para ejecutar algo, para emprender. Es necesario que se den muchas condiciones para que la economía creativa crezca de manera sólida y sostenible, y una de ellas es enfocarnos en la educación. ¿Cómo se puede enseñar la creatividad y la innovación?

En mi reciente libro “Economía Creativa en Bolivia”, argumento que, para fomentar la creatividad, es necesario construir un ambiente regulatorio empresarial que incentive la libre competencia entre empresas que ofrecen productos y servicios que resuelven los problemas de los clientes.

También se debe fomentar la creatividad en cada individuo. Ello depende de valores afectivos y predisposición del carácter que se desarrollan en el entorno familiar, en las escuelas y en las universidades.

El desafío de inyectar a las familias motivación para crear, innovar y emprender, depende de muchos elementos que pueden tomar tiempo, pero será importante notar los valores que transmitan y destaquen las élites culturales, sean profesionales, económicas, científicas y políticas. Sin embargo, influir sobre las escuelas, y su capacidad de competir ofreciendo un valor adicional a las familias, está más al alcance de las políticas públicas y la acción inmediata.

Nuestro sistema educativo actual, sobre todo a nivel escolar, deja mucho que desear al momento de enseñar a pensar, crear y resolver problemas. Dicho sistema, con su poca flexibilidad y alta centralización y regulación, con resoluciones que se lanzan de manera indiscriminada para todos los jóvenes bolivianos, cumple un rol políticamente funcional al gobierno central en vez de enfocarse en enseñar a pensar de forma crítica e independiente a niños y jóvenes estudiantes.

Pese al contexto asfixiante, se vislumbran halos de esperanza en algunas escuelas que muestran un rendimiento mayor al promedio, a partir de procesos de selección de estudiantes en base a sus aptitudes, enfocándose en disciplinas donde se nota un potencial, resultando en graduados con un nivel de conocimiento y habilidades que sobresalen respecto a otros colegios. Ésa es una muestra de instituciones educativas que ofrecen un valor competitivo con buenos resultados dentro de un ambiente virtualmente cerrado a la competencia.

En el caso del sector privado, se observan empresas en rubros como el software y la odontología, que fungen como verdaderos multiplicadores de conocimiento e innovación, que contratan a profesionales con conocimiento básico en un tema y los capacitan con habilidades prácticas que logran replicar al momento de independizarse y abrir sus propias empresas.

Por último, aunque éste es el modelo educativo que debemos buscar, reconocer y multiplicar, no servirá de mucho si es que los tomadores de decisión no reconocen que las mismas políticas ayudan a promover la economía creativa en el país, las exportaciones y la empresa privada en general. Es decir, libertad para competir, incentivos fiscales, flexibilidad y simpleza en las normas empresariales.

En un ambiente donde se penaliza el ensayo y el error con altos costos fiscales y burocracia, nunca se logrará promover la innovación y el crecimiento económico que la misma conlleva.



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