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La cuarta ola de contagios de la pandemia del covid-19 es inminente en Bolivia. Eso significa que en los próximos días o semanas el país volverá a sufrir la experiencia de los contagios masivos del virus. La evidencia es inequívoca: en las últimas semanas se ha tenido un incremento de casos positivos en 32 por ciento.

El ritmo de crecimiento de los contagios pasó de siete por ciento hace tres semanas a 18 por ciento la anterior semana. La mayor parte de esos casos está concentrada en Santa Cruz (36 por ciento de los casos a nivel nacional), igual que ocurrió en las tres anteriores olas.

En Santa Cruz, el número de casos ha subido un 76 por ciento entre septiembre y octubre, lo que debe llevar a las autoridades del departamento a tomar mayores medidas de prevención, pero también a preguntarse qué razones explican esa escalada preocupante, muy por encima en relación proporcional con otros departamentos del país.

Si la observación ayuda a identificar el origen del problema, se podría inferir que las medidas de control se han relajado completamente en Santa Cruz: la actividad nocturna en locales de reuniones y fiestas ha vuelvo a aflorar como en las más sonadas celebraciones de un 24 de septiembre o un 1 de enero. En la ciudad hay varios centros de diversión nocturna que no cumplen con la restricción de cierre de las 2 de la madrugada, sino que continúan operando a puertas cerradas hasta las 6 y 7 de la mañana prácticamente todos los días de la semana.

No es creíble que esos locales operen sin el consentimiento de la Policía o de autoridades de la Alcaldía. Lo usual en la ciudad es que si un local de entretenimiento se pasa la norma por encima, es porque hay unos policías corruptos que evitan los controles y hay autoridades del municipio que reciben una participación por mirar a otro lado.

Por otra parte, es indiscutible la evidencia de que el 90 por ciento de los nuevos contagios de este tiempo ocurre en personas que no han recibido ninguna de las dosis de la vacuna. En Bolivia y en los países de la región los centros de salud están llenos de personas que cuando responden a las preguntas del personal médico para completar sus fichas personales revelan que no se vacunaron con ninguna de las dos dosis, y en otros casos son personas que solo recibieron una dosis y no volvieron por la segunda.

Según datos del Ministerio de Salud, solo el 62,5 por ciento de la población se vacunó con la primera dosis del inmunizante, mientras que menos del 50 por ciento de la población vacunable recibió también la segunda dosis.

Eso quiere decir que cuatro de cada diez bolivianos en edad de vacunación han rechazado acceder al beneficio gratuito, probablemente por uno de los muchos prejuicios que circularon en el país y sobre los cuales no se ha visto una campaña suficiente para desvirtuar las malintencionadas y perjudiciales versiones.

Varios meses después de recibir la vacuna, las personas que acudieron a recibir la inyección ni se convirtieron en hombres lobo ni se murieron ni llevan ningún chip de espionaje en sus hombros. Al contrario, esas personas y sus familias están protegidas, pueden vivir con más tranquilidad y se preparan para recibir una tercera dosis de refuerzo. La cuarta ola está a la vuelta de la esquina, y hay que volver a tomar medidas urgentes.

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