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5 de abril de 2024, 4:00 AM
5 de abril de 2024, 4:00 AM

Roberto Unterladstaetter K.

Al final, después de que los “mares de gas” se evaporaron con el despilfarro de los recursos generados e “invertidos” en paquidérmicas empresas que hasta ahora lo único que producen son decenas de miles de millones de bolivianos en pérdidas, las autoridades nacionales están muy entusiastas con los biocombustibles, de todas maneras más vale tarde que nunca mientras analizamos  cuánto dinero le cuesta al contribuyente mantener a funcionarios ineptos e ignorantes en todas las actividades oficiales de la administración pública y el daño causado al país por estos ineptos.

A estas alturas es absolutamente notorio el éxito de los responsables incompetentes del área agrícola del capítulo I y II de este modelo de gobierno, para mantener a rajatabla la ignorancia y la indefensión del campesinado, que sufre explotado y abusado políticamente en lugar ser desarrollado social y técnicamente para emprender las opciones que se le presentan y que les proporcionen rentabilidad en base a trabajar en la dinámica de una agricultura sostenible.

Un dogma perverso, retrógrada y atávico, unas ideologías fracasadas están haciendo que el bienestar y la tranquilidad que nos merecemos se posponga indefinidamente.

Hace poco tiempo la empresa petrolera estatal encomendó estudios sobre especies oleíferas con las características ideales de ser convertidas en materia prima para producir biodiésel y así aliviar la escasez del producto y reducir el drenaje de divisas tan escasas hoy por hoy.

Se prevé que la solución está en el oriente, específicamente en Santa Cruz, el presidente inauguró recientemente las primeras instalaciones para la producción del aditivo orgánico a añadirse al aceite mineral para lograr el tan deseado biodiésel comenzando con el aceite de soya.

También se estimuló el cultivo de macororó (Ricinus communis) en la zona de Charagua, solo que se sembró empezando la época seca, pese a ello el producto se dio, aunque lógicamente muy escasamente. Muy entusiastas también han puesto las esperanzas en la palma aceitera africana, especie muy productiva pero muy problemática, desde el punto de vista ambiental.

El recurso más importante y menos apreciado es nuestro totaí, del que existen por lo menos 30 millones de árboles (las palmeras son árboles) en el ambiente de la llanura Chaco-Beniana, la Chiquitania, parte de la llanura beniana y norte de La Paz.

Estudios realizados por Embrapa (segundos luz a distancia al Iniaf &Cia) (1 segundo luz = 300.000 kilómetros) nos ilustran que el totaí (Acrocomia aculeata) bien manejado y cultivado puede producir lo mismo en aceite que la palma africana sin deforestar un solo árbol, y produciendo otros productos valiosos, provocando mayor rendimiento en las pasturas, además de obtener mayores beneficios por hectárea. 

Mientras tanto y esperando que alguna autoridad sepa leer y entienda, lanzamos algunas ideas de las especies vegetales que deberían tomarse urgentemente en cuenta y ensayarse para ayudar a desarrollar y mejorar la situación social y económica de los pobrísimos agricultores andinos.

Son varias las especies:  esta vez citaré solo a dos: la mostaza de Etiopía, o carinata (Brassica carinata) es un cultivo natural de las tierras altas de Etiopía cultivado en su origen en escalas modestas como hortaliza u oleaginosa. Tiene rasgos muy interesantes como su resistencia a las sequías, variaciones térmicas y resistencia a algunas enfermedades.

Sumada a estas características su aceite tiene una alta concentración de ácidos grasos de cadena larga, lo que la hace altamente deseada para la industria de los biocombustibles.

El aceite no es apropiado para el consumo humano, aunque los subproductos abarcan desde abonos, aplicaciones industriales tales como los plásticos, pinturas, lubricantes, jabones, cosméticos, etc., etc. Su rendimiento puede llegar a 6.000 kg/ ha. Otra especie muy interesante es laCamelina, (Camelina sativa) originaria de Europa yAsia menor, especie muy apreciada en alimentación, cosmética e industrial, especialmente para la obtención de biodiésel.

Hay otras opciones para que los Valles y el Altiplano adquieran importancia en la producción de energía a partir de la biomasa, por ahora solo citamos a estas dos especies que han adquirido en los últimos tiempos gran importancia en la agricultura regional también en Santa Cruz como cultivos de cobertura y cultivos de servicio, es decir entre dos cultivos importantes con el objetivo de: Descompactar suelos, revertir los sistemas agrobiológicos degradados, aumentar la materia orgánica de los suelos, mejorar la microbiología de los suelos, controlar malezas, aportar biomasa al agroecosistema, etc., etc., y, además de producir un producto estratégico dejando con su rastrojo inmensas ventajas para la recuperación de los suelos especialmente en el caso del Altiplano y alles altos muy depauperados, es probable que trabajando entre técnicos/científicos y no entre “hermanos”, se logre recuperar los suelos últimamente sometidos a monocultivo para producir la maravilla de los granos que por sus características alimenticias, es el pseudocereal de la quinua.

El Estado boliviano mientras tanto está absolutamente ausente de las inmensas posibilidades de desarrollo de los pequeños y medianos agricultores altoandinos. Es increíble que entre los responsables de las Ciencias Agrícolas de la zona andina no hubieran reconocido la importancia de la alternancia del cultivo de la quinua con el pastoreo de los auquénidos, producto de ello es la caída drástica en los rendimientos en quinua.

Por último, los antibiotecnología deberían saber que en el sentido más amplio o clásico del término “biotecnología”, la obtención de combustibles a partir de organismos o de sus derivados, convierten al biocombustible en un producto biotecnológico. Aun así, se oponen a la biotecnología si saber de qué se trata.

 

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