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Custodios

2 de julio de 2020, 3:00 AM
2 de julio de 2020, 3:00 AM

La historia del museo de la Casa Nacional de Moneda es prácticamente la misma de la de otros repositorios que surgieron por el esfuerzo de personas, no de gobiernos ni Estados.

Usado como depósito, el edificio estaba ruinoso y, por su tamaño, era más un perjuicio que un aporte para Potosí. En la década de 1920, fueron varias las advertencias de periódicos sobre el riesgo que representaba el inmueble. Con cierta frecuencia, las tejas caían a la calle y más de una vez rompieron alguna cabeza.

En 1936, el presidente de la Sociedad Geográfica y de Historia Potosí (SGHP), Luis Subieta Sagárnaga, propuso utilizar el edificio para centralizar archivos dispersos y, más tarde, el pintor Cecilio Guzmán de Rojas logró habilitar el ala de la fachada para una pinacoteca. Los esfuerzos ayudaron, pero no duraron, debido a la falta de apoyo gubernamental. En 1942, otro presidente de la SGHP, Armando Alba, retomó la labor de sus antecesores. Le llevó más de 20 años transformar a la Casa de Moneda en un archivo y museo. 

Alba fue director de la Casa de Moneda hasta su muerte, en 1974, y durante todo ese tiempo no cobró un solo centavo. En Sucre, edificios igualmente históricos, como la Casa de la Libertad, pasaron por un proceso similar. Sus directores eran reconocidas figuras de Sucre y Potosí, investigadores y archivistas con varios libros publicados. Gunnar Mendoza estaba en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia y Joaquín Gantier, a quien tuve la suerte de conocer, en el edificio donde nació Bolivia. Ni siquiera les decían directores porque eran algo más grande e importante: custodios. 

En la Casa de Moneda, yo llegué a conocer a Luis Alfonso Fernández, Jack Aitken y Wilson Mendieta Pacheco. Todos fueron respetados incluso cuando apareció la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (FcBcb), tan tarde como 1995, para brindar, por fin, atención estatal. 

La FcBcb debía ser el ente administrativo que maneje los recursos fiscales destinados al mantenimiento y funcionalidad de los repositorios culturales, que ahora son ocho, pero se convirtió en algo más, un súper poder que toma las decisiones desde la comodidad de un edificio en La Paz, sin terminar de consustanciarse con la realidad de Sucre y Potosí, las ciudades más históricas de Bolivia. 

En el pasado, la FcBcb respetaba a los custodios, e incluso a algunos directores, como don Wilson. Eso cambió con el masismo y la politización de los repositorios que convirtió a los directores en mayordomos del gobierno de turno. 

Una pena. 



 






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