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Por: Adhemar Manjón

Bolivia es uno de los más de 20 países que el fotógrafo esloveno Matjaz Krivic conoce y que le fascinan. Vino por primera vez en 2003 y quedó sorprendido por la majestuosidad del salar de Uyuni. Aquella vez estaba de paso, llegó desde Salta (Argentina) y continuaría hasta San Pedro de Atacama (Chile). Pero cuando pasó por Uyuni y vio aquella inmensidad blanca no descansó hasta llegar allí, aunque fuera un momento. 

“El salar era tan hermoso y pensé que realmente tenía que hacer algo. Yo solo quería estar en el salar por un día o, aunque sea, dos horas. Fui a una agencia de turismo y les dije ‘Soy fotógrafo y quiero quedarme una noche en Isla del Pescado’. Me dijeron que no había lugar para quedarme. 

Les dije que no importaba, no quería dormir, solo tomar fotos. Les rogué. Aceptaron y me llevaron a la isla a las 10 de la mañana del otro día. Así que me quedé todo el día y en la noche, porque había luna llena y me gustaban las sombras del salar a esa hora. Saqué fotos como loco”, explica Krivic.

Matjaz (se pronuncia Matías) volvió 12 años después al mismo lugar, en 2015. Esta vez tenía en mente un proyecto fotográfico con el lugar. Regresó en 2017 y nuevamente este año. De hecho, esta entrevista fue realizada vía telefónica el martes, en una pausa cuando visitaba una fábrica de producción de baterías de litio. Krivic llegó a Potosí el lunes, presenció las protestas contra la ley de ganancias ilícitas. 





Diversión. Unos jóvenes disfrutan de un juego de volleyball en las calles de Thula (Yemen).

Era la primera vez que estaba en la capital potosina, antes llegaba directamente al salar. El miércoles estuvo en Cochabamba, tomó fotos de la fábrica de autos eléctricos Quantum. “Creo que en estos tiempos en que se habla de crisis del medio ambiente, saber que los países pueden fabricar autos eléctricos es una buena señal para solucionarla”, comenta el fotógrafo, quien también está expectante de lo que Bolivia pueda hacer con los yacimientos más grandes de litio del mundo. 

“Cuando volví a Bolivia en 2015 ya había un proyecto más concreto por llevar adelante la industrialización del litio, ojalá que puedan conseguirlo y beneficiarse con ello”, manifiesta.


Reflexión. Un peregrino durante su ritual de baño en el lago Sarovar, en Amristar (India).

Un trabajo de años

El jueves, Krivic inauguró una exposición en la galería Manzana 1 que se dividen en tres partes: Amigos anónimos, Urbanistán Litio, esta última con fotografías tomadas en los años que ha visitado el país. Incluso hay algunas que consiguió esta semana. La exhibición sobre el litio se pudo ver por primera vez el año pasado en su país y este año en Brasil.

Krivic tiene 49 años. Nació en Liubliana, la capital eslovena. Empezó a tomar fotos en 1996, un amigo suyo lo incentivó. En 1998 empezó a hacerlo de manera profesional. Ese año realizó sus primeros viajes por el mundo, un recorrido que lo ha llevado por todo Europa, África, América, Asia, Australia.

En 2012 empezó una serie fotográfica que se llamaba Digging the future (Cavando el futuro) en la que seguía el trabajo de los excavadores de oro de Burkina Faso (uno de los países más pobres del mundo a pesar de ser el cuarto mayor productor de oro a nivel global). De esas fotos , una de ellas obtuvo en 2016 el segundo lugar en el concurso World Press Photo, uno de los más prestigiosos del fotoperiodismo. 



Oración. Una mujer en Lhasa (Tibet) prende velas en un templo.

“Fui varias veces a Burkina Faso, hice la historia sobre los mineros que trabajan casi igual que acá en Potosí. En África tiene historias similares con el oro y en Burkina Faso fue donde mi conciencia ambiental empezó, ahí comencé a buscar historias relacionadas con el medioambiente”, señala Krivic.

En su serie de fotografías titulada Urbanistán, Krivic capta las ciudades lejos del bullicio habitual, muestra una cara tranquila de ellas. Es parte de su idea de enseñar el lado positivo de estos lugares, que muchas veces resultan apabullantes, como Manhattan o Nueva Delhi, tan poblados de gente y movimiento vehicular.

Los temas ambientales para Krivic son algo muy serio y no puede hablar sobre lo que está pasando actualmente sin indignarse. “No me preguntés sobre esto porque me enoja mucho”, dice entre bromas y recuerda haber visto los incendios forestales de Santa Cruz en el avión. 

“La verdad no sé cómo vamos a salir de esta terrible situación con el medioambiente. Creo que pronto vamos a estar en problemas. Vamos a tener sequías más frecuentes, incendios más frecuentes, van a haber calores y fríos más extremos -algo que ya está sucediendo ahora- y eventualmente vamos a tener cientos de millones de refugiados del cambio climático”, explica Krivic, y dice que por ejemplo en India, Pakistán y Bangladesh no tendrán agua en unos cuantos años más. 

“En 20 años ellos tendrán grandes problemas con el agua y el tema es que Pakistán y Bangladesh tienen grandes ríos que bajan del Himalaya y estos ríos irán secándose. Nada más. En dos décadas habrán refugiados del cambio climático por todas partes, especialmente en Africa del Norte, lugares que no podrán habitarse porque no habrá agua. Ahora ya hay una situación de refugiados en Siria, de más de dos millones de personas buscando donde estar. Imagina esa situación en todo el mundo”.

Sabe lo ocurrido con el lago Poopó, que desapareció hace unos años. Se pregunta qué habrá sucedido con toda la gente que vivía a su alrededor y se dedicaba a la pesca. “En Chad (África del Norte) también había un lago muy grande y ya no existe más. En Kazajistan lo mismo, porque las algodoneras hacían irrigaciones en el lago. Es lo mismo siempre: las industrias lo destruyen todo. Algo similar ocurre en Bolivia: queman los árboles para conseguir nuevas plantaciones de soya. ¿Qué harán cuando no haya más oxígeno? Van a morir, porque las plantas nos dan oxígeno. La Amazonía es el pulmón de la tierra, si arruinamos la Amazonía arruinamos el mundo entero”, manifiesta.

“A los gobiernos no les gusta hablar del cambio climático, porque lo que quieren es ganar dinero a toda costa”, comenta Matjaz y agrega: “Nosotros tenemos soluciones, podemos salvar al planeta fácil y rápidamente si así lo queremos, pero para eso la mentalidad política tiene que cambiar, los políticos tienen que cambiar. Porque si ellos dicen ‘Bueno muchachos, es suficiente, detengamos esto’ este desastre puede detenerse”.

Krivic recuerda que en 2026 habrá una nueva conferencia sobre el cambio climático y menciona que en 2015 el acuerdo de París, para reducir los gases de efecto invernadero fue firmado por 189 países, pero seis años después nada ha cambiado. “Ahora esta conferencia en 2026 tiene que ser un punto de partida o algo así. Si los gobiernos deciden que tendrán que hacer algo y si hacen algo, estará muy bien”, resalta. “Sé que hay soluciones para estos problemas, y mi trabajo es mostrar que existen”, apunta Krivic.

Hace un mes, Krivic estuvo en Islandia, tomando fotos del capturador y almacenador de carbono más grande del mundo. Poco antes estuvo en Kenia, donde retrató los últimos rinocerontes blancos que existen en el mundo.

Rostros

Krivic también trabaja su mirada en los rostros de la gente que conoce en sus viajes. De ahí nace su serie fotográfica denominada Amigos anónimos. “Cuando estoy viajando alrededor del mundo, muchas veces me encuentro con rostros interesantes, algunos de ellos son de ancianos, otros de jóvenes con rostros muy bonitos. Tomo retratos de estas personas y los llamo amigos anónimos porque a muchos de ellos no los llego a conocer. Los veo caminar, charlo unas palabras con ellos y les tomo fotos”, explica Krivic.

El fotoperiodista sabe que muchas veces una situación así puede resultar invasiva en algunas culturas, por eso el siempre trata de actuar con respeto cuando conoce alguien y quiere retratarlo. “Lo importante es no actuar como un idiota ante ellos”.



Uyuni. Mineros cargan la sal en un camión.

Para capturar estas imágenes Krivic se preocupa mucho por mirar los ojos de su ‘modelo’. “Los ojos pueden decirte mucho sobre una persona. Cuando ves los ojos de tan cerca, vos podés confiar en esa persona”, dice, y explica que siempre mantiene una distancia adecuada para tomar estas fotos. “Porque tengo lentes largos, como de 100 mm y las foto las tomo desde dos metros de distancia”.

Toda su carrera, Krivic, la ha llevado como freelancer y siempre le fue bien, hasta el año pasado, cuando la pandemia del covid inmovilizó a todo el mundo y él también se vio afectado. “Después de meses sin hacer nada tuve que buscarme trabajo como fotógrafo publicitario. Nunca antes lo había hecho.

Cuando fui a una empresa de una ciudad a presentarme me dijeron ‘¿De verdad querés trabajar en esto?’, y yo les dije ‘Sí, necesito dinero’. No había agarrado la cámara por mucho tiempo en 2020, así que cuando salió ese trabajo comercial pensé en que tenía que hacer un excelente trabajo y lo disfruté”, cuenta Krivic, quien ahora está contento recorriendo el mundo otra vez, con su cámara Canon al hombro.


Premio. La foto con la que ganó el segundo lugar en el
World Press Photo


 Artista. Krivic con sus fotos en Manzana 1

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