30 de julio de 2023, 4:00 AM
30 de julio de 2023, 4:00 AM


Fortaleza, coherencia y dignidad es la tríada con la que Amparo Carvajal ha logrado abrir una ventanita de esperanza en esta Bolivia que se debate entre la impunidad de quienes abusan del poder que ostentan, y la ofuscación no siempre involuntaria de quienes padecen los rigores de ese abuso. Impunidad y ofuscación que van en aumento cada día, provocando daños irreversibles ante la vista y paciencia de una mayoría silenciosa.

Confieso que hasta antes de los 51 días de vigilia cumplidos por Amparo frente a la sede de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia (Apdhb) en La Paz, doce de ellos a la intemperie y sobre la terraza externa del predio, tenía poca o ninguna esperanza en la posibilidad de un giro de 180 grados en el rumbo que ha tomado el país. Un rumbo marcado por el caos, la desinstitucionalización y la incoherencia a todo nivel.

Caos, desinstitucionalización e incoherencia alimentados no solo desde el poder central, sino también -insisto en remarcar- desde todos los otros sectores que se dicen contrarios a ése. Sobran muestras para dar fe de la falta de coherencia entre quienes aseguran estar dispuestos a todo para defender lo que nos resta de libertades democráticas. En los hechos, poco o nada hacen para frenar los abusos y, más aun, a los abusivos.

Terminan valiendo más los intereses de grupos o las pretensiones personales, que los que hacen a una lucha colectiva por la vigencia plena del Estado de derecho. Así lo seguimos viendo y comprobando en el plano de la acción y disputa política, como también en el de las acciones y definiciones tomadas en el seno de las organizaciones de la sociedad civil. Unos y otros negocian principios, sin reparar en el bien mayor.

Es aquí donde aparece Amparo, con una fuerza insospechada en una mujer que ha vivido ya más de ocho décadas y que soporta con estoicismo las secuelas de una enfermedad grave, a la que tampoco venció el crudo invierno paceño, ni el menos duro hostigamiento verbal y físico protagonizado por los afines al Gobierno central y sus operadores políticos. Hago cuestión de señalar esas adversidades, solo para dejar en claro que no hay pretexto alguno para justificar la inacción frente al abuso de poder.

Amparo ha demostrado con su ejemplo que no hay fuerza capaz de vencer a quien lucha con firmeza por un ideal justo y compartido, manteniendo una coherencia a toda prueba y preservando su dignidad a toda costa. Por supuesto que no es una pelea fácil, sino más bien, y por el contrario, una pelea complicada y riesgosa que hay que estar dispuestos a enfrentar con coraje y determinación.

¿Quiénes están realmente dispuestos a enfrentar una batalla similar a la de Amparo, en sus propios y particulares espacios de acción? Estoy pensando en los que libran batallas en el campo político partidario, en quienes lo hacen desde el ámbito empresarial o en los que encaran otras bien específicas en el activismo ciudadano. Pienso también de manera muy especial en las batallas que debemos librar los trabajadores de la prensa.

¿Quiénes y cuántos estamos siendo capaces de encarar esas batallas con la fortaleza, la coherencia y la dignidad vistas en la librada casi en solitario por Amparo? ¿Será que esa ventanita de esperanza abierta por Amparo y su receta-tríada se amplía y se convierte en un ventanazo de sur a norte, de este a oeste, tan necesaria hoy para frenar la arremetida violenta de los abusadores del poder político, para acabar con su impunidad, y a la vez desenmascarar a los permisivos que se ocultan tras ese nefasto estado de ofuscación?

No sé qué se puede esperar de cada uno de los sectores citados líneas arriba, aunque en los hechos algunos de ellos ya nos están dando malas señales: ni tienen fortaleza para librar duras batallas, ni coherencia en su accionar, menos dignidad. 

¿Podremos nosotros, trabajadores de la prensa y dueños de los medios de comunicación, apropiarnos de la receta de Amparo para encarar y librar nuestras propias batallas en defensa de la libertad de prensa? Ya lo veremos. Este 2 de agosto veremos, en un pequeño ejemplo, si damos la talla.

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