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De realismos y realidades

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5 de julio de 2020, 3:00 AM
5 de julio de 2020, 3:00 AM

Susana Seleme Antelo


El único y verdadero golpe de Estado que hubo en Bolivia fue el fraude electoral del 20 de octubre 2019. Que lo nieguen el ‘ex’ Morales, sus corifeos internos y externos no invalidan las pruebas. La OEA y la Unión Europea las ratifican cada vez que los ‘socialismos del siglo 21’ montan sus pantomimas mediáticas para no soltar las amarras que los unen al Caribe castrista, chavista, madurista, lulista, el de los Fernández y una larga compañía de populistas de allende los mares. 

Cuando huyó el ‘ex’ en noviembre de ese año, creímos que Bolivia había recuperado el sendero democrático después de 14 años de desprecio al Estado de Derecho, borrada la independencia de poderes, asalto sin cuartel a los Derechos Humanos y rechazo a la convivencia entre diferentes. Creímos que el ‘ex ’se había ido para que no volviese el sucio tiempo de la corrupción que vació las arcas del Estado y tiñó de oscuridad la administración pública. Pero el cocalero quiere volver. 

Esa realidad, se asemeja a muchas aristas del ‘realismo sucio’ literario, que describía la cruda realidad de su época en el pasado siglo XX. Sus protagonistas andaban perdidos, agobiados, y se convirtieron, como se los definió, en la representación de un fracasado estilo de vida, como el ‘evismo’. Ese ‘realismo sucio’ es la antípoda del ‘realismo mágico’ que vivimos con la “insurrección de las pititas” en octubre-noviembre 2109, con 21 días de paro nacional, más la sublevación policial y la inacción de las FF.AA. El ‘ex’ fugó porque se lo pilló con las manos en la masa y con el fraude consumado. 

Al principio, el partido del cocalero y sus militantes quedaron en estado catatónico: el ’jefazo’ había huido y habían perdido el Poder Ejecutivo. Nos conformamos con su inesperada huida, celebramos un nuevo gobierno presidido por una mujer, Jeanine Añez Chávez, aplaudimos el nuevo Tribunal Electoral y la convocatoria a nuevas elecciones. 

¿Primó entonces la ingenuidad y quizás otros elementos que desconocemos, de parte de la sociedad política boliviana, y también de la sociedad civil, para no haber desmontado, entonces, los engranajes del fracasado estilo de vida político del cocalero huido y refugiado? 

Hoy, desde su asilo, teje los hilos para su retorno al poder. Y a casi ocho meses de su fuga, la realidad política actual, agravada por la pandemia COVID 19, habla de que su sombra sigue ensuciando la realidad boliviana, como la conspiración para la compra de respiradores con sobreprecios en plena emergencia sanitaria. Los autores: funcionarios del régimen, aún en sus cargos, en connivencia con Morales y los suyos.

¡Hay tanto para abrirle proceso por estafa a la democracia boliviana! Es una cuestión de justicia que no se sacia ni con el silencio ni con el olvido. ¿O se pasará a la cuenta del otario el desconocimiento al Referéndum de 2016, que le dijo NO a su cuarta reelección? ¿Y la violación al artículo 168 de la CPE, que admite solo dos elecciones continuas, y el cocalero iba por la cuarta? ¿Quién asume las ‘guillotinas judiciales que asestó a sus oponentes políticos?
Creímos que su huida eliminaba la antipolítica populista y violenta de los ‘lumpen-intelectuales’ y de las barras bravas, más que movimientos sociales, con sus muertos a cuestas. ¿Quién responde por las muertes de la Calancha, Porvenir, hotel Las Américas, Caranavi, La Guardia, Pan Duro, Montero, Senkata, Sacaba, estas últimas dos con el cocalero ya fugado? ¿Quién hace justicia a la represión que sufrieron los indígenas del Oriente en Chaparina, y los exilios políticos de tantos, entre otros hechos luctuosos? 

Desde su asilo, el ‘ex’ maneja los 2/3 del Congreso, ‘tranca’, más que Asamblea Legislativa, pues obstaculiza las tareas del gobierno constitucional. De transición sí, como insisten medios de prensa, Fundaciones diversas, el partido del cocalero y algunos políticos que no terminan de comprender que el enemigo de la democracia en Bolivia son Morales y su partido, no la candidatura de la presidente Añez. 

Y el ‘ex’ sigue dando golpes a los Poderes del Estado. Acaba de darlo al Poder Judicial, ‘quitándole la confianza’ a la señora que ejercía el cargo de presidenta del Tribunal Supremo de Justicia, en el que debió estar tres años, pero solo estuvo 6 meses. Fue sustituida por un connotado militante del MAS. Allí se ‘trancarán’ todos los procesos contra el fraude electoral de 2019 y cualesquiera otros por los crímenes cometidos por Morales y sus conmilitones. El Tribunal Electoral abrió querella por aquel fraude, pero se quedó en lo abstracto: no le puso nombre y apellido. ¿Nos creen idiotas? 

¿Está Bolivia a tiempo todavía de encontrar un camino político plural, productivo, cultural y socialmente inclusivo, descentralizado, hasta federal? Dispersos y a tiro de cañón, como va la sociedad política, no. Juntos, unidos y solo pensando en recuperar la democracia para impedir el retorno del tirano, sí.

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