Opinión

Debates, imprescindibles para la democracia

12 de enero de 2020, 3:00 AM
12 de enero de 2020, 3:00 AM

La revolución de las pititas plantea un nuevo escenario para Bolivia en el que la demanda fundamental es la recuperación de la democracia, entendiendo que se trata de devolverle validez al voto y al poder del ciudadano de elegir a sus autoridades, ejerciendo su libre albedrío sin condicionamientos de ninguna naturaleza. Ese valor, consolidado en muchos países del mundo, en nuestro país aún debe ser fruto de la conquista del pueblo. Si bien se dieron pasos importantes, como la elección de vocales electorales confiables, es preciso que el relato previo a los comicios no esté dominado por una corriente partidaria, la del Movimiento Al Socialismo, que deja ver un espíritu no democrático en sus actitudes y conductas.

Desde hace más de 14 años, Bolivia escucha un discurso recurrente del MAS que pretende polarizar las ideas políticas hablando de neoliberalismo, imperialismo y otros calificativos, con los que busca esconder el miedo a que el ciudadano libre e informado vea que hay otros modelos de gobierno posibles, que son diferentes al “proceso de cambio”, que ya mostró su desgaste como portador de soluciones para la sociedad.

Es en esa línea que la mayoría parlamentaria del MAS busca bloquear un proyecto de ley enviado por la presidenta Jeanine Áñez, en el que se plantea recuperar el debate obligatorio para los aspirantes a la primera magistratura del país. Hay que recordar que esta confrontación de ideas y de propuestas ha desaparecido de la política nacional desde el año 2002.

El año 2005, cuando Evo Morales ganó los comicios, se negó a debatir y fue repitiendo el rechazo a exponer su propuesta de manera sucesiva hasta la fecha, bajo argumentos tan falaces como que él solo debatía con el pueblo.

Ahora que Morales no va a ser protagonista de estas elecciones, su partido repite la fórmula de rechazo al debate, quizás por el miedo a que en un ‘frente a frente’ con los otros candidatos salgan los cuestionamientos y las cifras del modelo económico implementado en los 14 años, quizás por miedo a que queden en evidencia las irregularidades que, poco a poco, van saliendo a la luz pública y que fueron cometidas por varias exautoridades.

Empero, lo que ha conseguido la propuesta de la presidenta es que la población tome conciencia de la importancia de un debate entre los candidatos a la Presidencia. Eso significa que, aunque el MAS tenga mayoría parlamentaria, la demanda de una confrontación de planes de gobierno se convierte en una necesidad para consolidar la democracia y el derecho a tener un voto informado.

La apuesta de quienes se oponen a los debates tiene que ver con privilegiar la guerra sucia, la desacreditación del oponente y hacer que la contienda preelectoral se mantenga vacía de contenido y cargada de diatribas, ofensas, miedos y descalificaciones. Eso, sin duda, no es saludable ni es democrático, porque ahí ganan los que tienen más dinero para generar más noticias falsas, en suma, los que quieren imponerse a fuerza de manipulación.

Los debates deben ser parte de este proceso electoral. Es por eso que EL DEBER, Página Siete y Los Tiempos los van a organizar y van a convocar a los candidatos a la Presidencia a debatir, porque el periodismo que se debe a la sociedad sabe que urge profundizar sobre la agenda que tienen estos postulantes en materia económica, política y social. El país es consciente de que quienes le piden el voto están en la obligación moral de rendir examen y ganar el respaldo sobre la base de propuestas sólidas.

Ayer y ahora el MAS se rehúsa, es de esperar que el resto de los candidatos tome conciencia del momento histórico, por lo que su presencia en los debates tendrá que ser un requisito indispensable en su carrera a la Presidencia. Bolivia espera y se merece que así sea.

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