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La cuarentena obligó a Miriam (48) a dejar de realizar una ceremonia que con los años se había convertido en un hábito y que era el acudir periódicamente al salón de belleza para teñirse las canas. Una característica que es frecuente en su familia paterna y que le tocó heredar. Un rasgo que siempre consideró que era sinónimo de vejez y que creía le aumentaba considerablemente la edad.

Como era previsible el pelo blanco empezó a invadir su cabellera y al principio trató de ocultarlo, sobre todo a sus amigas, pero con el tiempo fue inevitable esconderlo.

“La verdad es que me sentía mucho más cómoda así, como cuando una se aligera de la ropa ajustada o de los tacos altos. Entonces me puse a pensar entre vivir de lo que digan de mí o priorizar sentirme bien conmigo misma. 

Así que opté por lo segundo y por eso decidí dejar que blanquee mi cabeza. Eso sí, me voy hacer un buen corte de pelo”, dice entre risas esta comerciante y madre de dos preadolescentes.

Raúl (51) acostumbraba a usar el pelo muy corto y si bien tenía algunas canas, con la cuarentena se dejó crecer la barba y el pelo y evidenció que predominaban las canas “Fui objeto de bromas de algunos amigos que me dijeron que me había llegado el ‘viejazo’ y que por qué no me teñía el pelo. 

La verdad es que algunos años atrás hubiese sido importante para mí hacerlo, pero creo que ya no. Lo tomo como una nueva etapa de mi vida, porque ahurita creo que todos tenemos otras prioridades”, afirma.

Tanto Miriam como Raúl sin proponérselo y sin conocerse, forman parte de un grupo cada vez mayoritario de personas que asumen sus canas sin temor al qué diran y a los prejuicios de que las canas son sinónimo de vejez.

Esta tendencia a dejar de ocultar las canas se ha hecho popular en muchos países e incluso muchas estrellas de Hollywood o figuras populares no han tenido reparos en mostrarse con su cabellera gris.

No es dejarse estar

Cuando decides dejarte las canas te liberas de la rutina mensual de pensar en el tiempo que tratas de ajustar tu agenda para encontrar el tiempo para teñirte el pelo y en el dinero que vas a gastar en eso”, afirma Lorraine Massey, autora del libro Silver Hair: The Handbook (Cabello plateado: un manual), que reivindica el uso del color natural del pelo y las canas como una manera de empoderamiento femenino.

La estilista cuestiona el prejuicio que asocia a dejarse las canas con la pérdida de belleza y como un síntoma de descuido personal.

“Muchos clientes usan ropa y maquillaje más atrevidos, o se mantienen con más confianza después de abrazar su color natural. No significa que te hayas dejado llevar, es casi lo contrario”, sostiene Massey: “Te estás dejando ser”. Porque verse bien no es una cuestión de color de cabello, insiste la estilista en una entrevista realizada por The Bostonglobe. “Tu espíritu es lo que te caracteriza sin importar qué. Podrías tener un hermoso cabello castaño natural con pequeños reflejos rojos, pero si tu energía es baja, eso podría hacerte parecer mayor. Así es como te ves”.

¿Qué causa las canas?

Según la doctora Marie Hayag, dermatóloga neoyorquina y fundadora de Fifth Avenue Aesthetics, tanto la predisposición genética como los “factores ambientales” pueden causar canas y, por supuesto, la edad.

El cuerpo humano tiene millones de folículos pilosos que recubren la piel y generan cabello y color. Con el tiempo, esos folículos pilosos pueden perder su capacidad de producir color, lo que puede derivar en canas. Esto ocurre cuando tu cuerpo deja de generar melanina, que le da color a tu cabello”, explica.

“Además, a medida que envejecemos, las células de nuestro bulbo piloso producen un poco de peróxido de hidrógeno, que es un subproducto metabólico y, por lo general, hay una enzima llamada catalasa que lo descompone en agua y oxígeno”, continúa Hayag. 

“Pero a medida que envejecemos, los niveles de catalasa disminuyen y esto permite la acumulación de peróxido de hidrógeno en el bulbo piloso, lo que daña y destruye los melanocitos, o las células productoras de pigmento, de nuestro cabello”.

Sin embargo, no hay un tiempo establecido para que esto ocurra, y lo que constituye un “envejecimiento prematuro” es mucho más joven de lo que podría sospechar. Hayag dice que las personas caucásicas “pueden empezar a tener canas a los 20 años”, con esa edad retrasada a 25 para los asiáticos y 30 para los negros. 

Sin embargo, esto no significa que se volverá gris a esas edades; “Según se informa, la edad promedio en la que comienza el envejecimiento para los caucásicos es de alrededor de los 30. Las personas de ascendencia asiática tienden a encanecer un poco después, a finales de los 30, y las personas de ascendencia africana incluso más tarde, a mediados de los 40 años”, añade la Dra. Jeni Thomas, científica principal de P&G.





3.Hoy y antes. Johnny Knoxville, el actor de “Jackass” muestra orgulloso sus canas.


Las opiniones

Las primera críticas que uno recibe acerca del aspecto físico generalmente vienen de familiares y amigos y en el tema de dejarse las canas son los primeros sitios por donde llegan las críticas.

“Si decides dejarte el color natural de tu pelo a veces es mejor que la gente sepa que estás haciendo esto y que quieres que te alienten”, comenta Massey, pero si de antemano se sabe que la respuesta será negativa es preferible pedirles que se guarden sus comentarios.

“Mucha gente comenta: ‘Oh, mi familia me dice que me veo horrible”, pero no hay que hacerles caso, afirma Massey. Durante su propia transición de ella de rubio a gris, recordó que sus hijos se preguntaban en voz alta si algo andaba mal, ¿por qué había dejado de preocuparse por su apariencia? “Si te pasa algo similar, no los escuches”, enfatiza Massey. 

“Especialmente si es algo que crees que realmente quieres hacer ... Tienes que hacerlo con gracia y fuerza y simplemente decirle a la gente que te rodea ‘Estoy haciendo esto por mí’, sostiene la autora de Silver Hair: The Handbook (Cabello plateado: un manual).

Si hay un momento para hacer cambios en la vida personal y sobre todo en la manera en que se lidia con el entorno es en este momento, insiste Massey.

Cambios que parecen banales, pero fortalecen la autoestima.