6 de febrero de 2022, 7:03 AM
6 de febrero de 2022, 7:03 AM

Después de un año sin disfrutar del jolgorio por causa de la pandemia incontrolable del coronavirus, Bolivia espera con indisimulable ansiedad e impaciencia el Carnaval 2022 que el calendario marca en fechas finales del mes en curso. En la semana que termina, seis ciudades, entre ellas La Paz, El Alto, Oruro, Cochabamba, Trinidad y Santa Cruz de la Sierra, cada una con sus matices y características propias del festejo, confirmaron oficialmente los honores a rendirle al dios Momo. 

Los carnavaleros cruceños se contaron entre los últimos en obtener la autorización correspondiente de las autoridades del municipio. Junto a ellos hicieron causa común sectores influyentes como transportistas y gremiales, esgrimiendo como argumento que las carnestolendas motorizan una devastada economía en diversos rubros con un movimiento que supera los $us 200 millones. Un movimiento que, evidentemente, ha empezado a dejarse sentir entre bandas de música, comparsas que ofrecen cupos, confeccionistas de casacas, carros alegóricos y otros como la presentación de artistas y grupos musicales.

El alcalde Johnny Fernández fue el encargado de dar el banderazo para que ‘truene la banda’ otra vez en la capital oriental, aunque con todas las actividades reguladas. Entre estas figuran dos precarnavaleras folclóricas, las coronaciones de la reina Dayana I y de las soberanas de las ciudadelas, el corso en el Cambódromo y también en los distritos. Los tres días de mojazón en la ciudad igualmente recibieron la aprobación.

El requisito sine qua nom para tomar parte en cualquiera de los eventos mencionados será contar con el carnet de vacunación. Según el burgomaestre, en cada caso se debe aplicar una reglamentación especial. Fernández justificó la determinación asumida por su despacho ante el descenso que registran los contagios por el virus en la ciudad y el pedido clamoroso de los sectores de apoyar la reactivación económica.

No obstante, Santa Cruz sigue siendo la región más afectada por el coronavirus y sus variantes. En los últimos días, fuentes médicas advirtieron que el contagio se desplaza dentro del cuarto anillo y toma distancia de las zonas periféricas de la ciudad. El Colegio Médico Departamental incluso observó la falta de coordinación entre autoridades locales por diferencias políticas, generando confusión entre los ciudadanos con medidas contradictorias. EL DEBER editorializó sobre el tema. “En estos tiempos difíciles no se trata de aguar la fiesta ni mucho menos, tampoco de reprimir un deseo incontrolable, ni de rasgarse las vestiduras por una fiesta importante y tradicional, sí, pero que no corresponde en un momento de alto riesgo para la salud pública. Se trata entonces de responsabilidad, ni más ni menos” escribió en una de sus partes.

Siendo Brasil uno de los países más golpeados del planeta por los contagios en masa, fue postergado el Carnaval de Río que es el más famoso del planeta. En Bolivia, en cambio, apenas registrada una desescalada de casos virales fueron levantadas casi todas las restricciones sanitarias…para carnavalear.

“Bolivia es un typical país”. Lo definió así en unos de sus libros el siempre recordado periodista y escritor Alfonso Prudencio Claure, más conocido por su seudónimo de Paulovich. “Es un país chistoso, pintoresco, como la fiesta de Gran Poder”, describió. Siguiendo la línea humorística y finamente irónica de Paulovich, los bolivianos vivimos en Carnaval el año redondo. Se carnavalea en el sistema político y judicial donde cada quien hace lo que quiere, sin norma a la que se sujete, sin nadie a quien rendirle cuentas. Otros, como el gobernador de La Paz, adelantan el festejo en su propio despacho donde se deja pillar dizque descansando. O como el de Potosí que probablemente se quedará sin ‘challar’ 41 ambulancias adquiridas irregularmente con millonarios fondos públicos y por lo que despotricó contra los periodistas que develaron el caso. También ‘carnavalean’ jueces y fiscales que liberan a feminicidas para que vuelvan a matar con saña inaudita mientras en la alcaldía cruceña se formó una numerosa comparsa de ‘fantasmas’ que no hacían nada, pero alguien cobraba puntualmente por ellos.

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