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20 de agosto de 2023, 4:00 AM
20 de agosto de 2023, 4:00 AM

Por Pedro Sáenz, educador

​La demanda de nuevos perfiles profesionales en el mercado laboral está experimentando una transformación sin precedentes. En un mundo cada vez más interconectado digitalmente y tecnológicamente avanzado, las instituciones de educación superior -IES- y la propia educación se encuentran en una encrucijada, adaptándose y evolucionando para satisfacer las necesidades cambiantes de la industria y la sociedad.

La incursión de la tecnología en casi todos los aspectos de nuestras vidas ha llevado a una redefinición de lo que significa y debe ser un profesional en el siglo XXI. Ya no basta con tener un conocimiento profundo en un campo específico; ahora se requiere una combinación de habilidades técnicas y blandas, adaptabilidad y por sobre todo una real y permanente mentalidad innovadora y de cambio.

Esto significa para las IES, alejarse del método memorístico tradicional y enfocarse en el aprendizaje activo, donde los estudiantes participan directamente en la resolución de problemas, la colaboración y la innovación, siendo ellos el centro del proceso de formación y ya no como antaño, el docente. La inclusión de la tecnología en el aula es más que una tendencia; es una necesidad. Las universidades deben adoptar y adaptar herramientas digitales, Fab Labs, Simuladores y métodos de enseñanza claramente diferenciados que fomenten una formación más práctica y de “hands-on”.

Algunas IES y otras instituciones de educación superior están respondiendo a este cambio, ofreciendo programas más flexibles y orientados a la tecnología. Diseño e implementación de Diseños Instruccionales adecuadamente balanceados para asignaturas integradas, rutas de aprendizaje, enseñanza híbrida (presencial, en línea - sincrónica y asincrónica), y títulos con menciones, son sólo algunos de los métodos que se están utilizando para preparar a los estudiantes para un mercado laboral en constante evolución.

Todo ello porque los profesionales de vanguardia no sólo deben ser expertos en su campo, sino que también deben ser capaces de colaborar en equipos multidisciplinarios, pensar de manera crítica y creativa, estando predispuestos a desaprender-aprender-desaprender-aprender adaptándose y preparándose continuamente (life long learning). Estas habilidades son esenciales para impulsar la innovación y mantener la competitividad en una economía global.

Las empresas, por su parte, están buscando activamente estos nuevos perfiles, reconociendo que la innovación y la adaptabilidad son claves para su éxito a largo plazo. La colaboración entre la industria y la academia es vital para asegurar que la educación superior esté alineada con las necesidades del mercado laboral, y que los graduados estén equipados con las habilidades, destrezas, competencias y prácticas necesarias para el éxito conjunto.

La colaboración con la industria para desarrollar programas de prácticas y mentorías por supuesto que es vital. Esto permite una transición más fluida al mundo laboral y asegura que la educación esté alineada con las necesidades del mercado. Los perfiles profesionales de vanguardia deben ser capaces de pensar de manera crítica y creativa, colaborar en equipos multidisciplinarios y adaptarse continuamente.

Es así que la demanda de nuevos perfiles profesionales es una llamada a la acción para todos los involucrados en la educación y el empleo. Requiere una reevaluación y transformación de cómo educamos, contratamos y desarrollamos talento, con un enfoque en la preparación para un futuro tecnológico-digital en constante cambio. 

La colaboración, la innovación, pero sobre todo la transformación profunda de la educación serán claves para garantizar que la próxima generación de profesionales esté lista para enfrentar los desafíos y oportunidades de un mañana que ya es hoy.

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