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Desde que en 1948 se realizara la declaratoria de los DDHH, el camino es más visible para transitarlo, pero al mismo tiempo es cuesta arriba; al inicio la declaratoria fue una respuesta para evitar el asesinato en masas de millones de personas después de la muerte en la Segunda Guerra Mundial de judíos en mayor proporción, pero también el asesinato de homosexuales, de personas con alguna condición especial o sencillamente la muerte violenta de aquel que no estaba de acuerdo con los nazis. Añadiendo que en ese momento era habitual el maltrato físico en todas sus formas para obtener y mantenerse en el poder.

Así mismo, ya con los años la claridad en la defensa de los derechos humanos fue permitiéndole a la sociedad comprender que todas las personas son sujetos de derechos desde su concepción hasta su muerte, para ello, se conformaron grupos y personas que vigilan que los Estados y sus estamentos generen condiciones para que cada persona disfrute de sus derechos. Evidentemente los individuos y los organismos defensores de los DDHH son la piedra del camino de aquellos Estados donde los vulneran; muestra de ello es Rusia, donde las ONG son catalogadas como agentes espías del extranjero, y en Nicaragua, Venezuela y Cuba dichas organizaciones tienen la misma categoría; en cambio en otros países menos autoritarios una forma de obstaculizar el trabajo de los defensores de los DDHH es dominar las ONG con amenazas o simplemente las toman, infiltrando a personas afines al Gobierno de turno para que sean parte de la directiva, pasando de ser una organización pro-DDHH a una organización progobierno de turno.

Por otro lado, en otros países con Estado de derecho las organizaciones defensoras de los DDHH también son piedra de camino para los poderosos con la diferencia que en una nación donde funciona el Estado de derecho los activistas de los DDHH tienen una incidencia en la dinámica interna de la nación; en cambio en los países autoritarios y dictatoriales es menor la incidencia, pero es de gran importancia para documentar los desmanes del poder hasta que, en un tiempo que puede tardar años, la justicia llegue, un ejemplo de ello es la condena de Alberto Fujimori en Perú por las esterilizaciones de mujeres indígenas sin el consentimientos de ellas y la más reciente, la investigación de la Corte Penal Internacional al dictador Nicolás Maduro por violaciones a los DDHH en los últimos años, que fueron documentadas por diversas organizaciones pro-DDHH donde sus miembros son perseguidos, encarcelados o exiliados, pero a pesar de todo siguen con sus acciones de ser vigilantes y defensores de los derechos humanos.

Ronald Valera es Filósofo


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