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15 de abril de 2024, 4:00 AM
15 de abril de 2024, 4:00 AM

Vista la situación al primer trimestre del año en curso, con mayor inflación anual acumulada a marzo, la persistente caída de las exportaciones nacionales, la reducción de las importaciones por la ausencia de divisas y medios de pago competitivos, a lo que se suma la escases de combustibles e insumos destinados a la industria y la agropecuaria, creo que debemos ajustarnos los cinturones de seguridad y usar las mascarillas de oxígeno ante la previsión de mayor turbulencia y un eventual aterrizaje forzoso.

No tiene ningún sentido continuar con el  negacionismo de la realidad y decir que estamos bien cuando no podemos importar, cuando debemos comprar dólares 20% por encima del tipo de cambio oficial, cuando se pierde 30% de la producción del principal cultivo nacional por ausencia de biotecnología, cuando no se tiene la cantidad suficiente de diésel para levantar la cosecha de verano o cuando no es posible usar a plenitud la Hidrovía por falta de limpieza y dragado en el canal de acceso. No estamos bien!

Además de los problemas estructurales de política económica resultantes de la aplicación del modelo vigente, tales como el abultado déficit fiscal, la elefantiasis del sector público y las empresas estatales, política de subsidio insostenible y poco transparente, inversiones públicas sin licitaciones en empresas con retorno incierto. Más allá de estos males que aquejan a la economía, habrá que tomar conciencia que todos navegamos en el mismo barco, por tanto, o todos llegamos a buen puerto, o todos naufragamos, por lo que nos tocará remar de manera concertada.

Veamos el contexto externo y las previsiones. En su último informe sobre las Perspectivas de la Economía Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte sobre una ralentización de la economía global a poco más del 3%, marcando una tendencia negativa de la tasa de crecimiento hasta 2029. La razón principal es la ausencia medidas de ajuste estructural resilentes que tomen en cuenta nuevas tecnologías emergentes como la Inteligencia Artificial y las Exportaciones basadas en el Conocimiento, particularmente en las economías de ingresos medios y bajos, lo que a su vez profundizará la brecha del crecimiento con los países más desarrollados.

Por su parte el Banco Mundial en la última revisión de sus informes regionales sobre las economías de América Latina y El Caribe prevé que el crecimiento del producto interno bruto en la Región cerrará con 2% para el pasado 2023 y se espera para 2024 una tasa de crecimiento del 2,3%. Las perspectivas del Banco para Bolivia no son alentadoras, en razón a los problemas de déficit público, reducción de las reservas y nivel de endeudamiento, se confirma un cierre del 2023 con un incremento del  PIB al 2,4% y una perspectiva de reducción al 1,4% para el 2024. Esta contracción de la economía ya se observa en los sectores, agropecuario, hidrocarburos y servicios, al primer trimestre del presente año.

Respecto a las previsiones del comercio mundial la OMC reportó que “se espera que el comercio mundial de bienes repunte gradualmente este año tras una contracción en 2023 impulsada por los efectos persistentes de los altos precios de la energía y la inflación. El volumen del comercio mundial de mercancías debería aumentar un 2,6% en 2024 y un 3,3% en 2025 después de caer un 1,2% en 2023. Sin embargo, los conflictos regionales, las tensiones geopolíticas y la incertidumbre en materia de política económica plantean importantes riesgos a la baja para el pronóstico”. En el caso de Bolivia el reporte oficial del INE al primer mes de año, ya da cuenta de una reducción de las exportaciones del 28% y las importaciones en 10%.

Ahora bien, cuales son las medidas de ajuste que se requieren concertar para evitar un mayor deterioro de la economía y una indeseada mayor devaluación e inflación. Las primeras medidas y más urgentes deben estar orientadas a resolver o mitigar la crisis financiera y cambiaria. Se deben reinyectar al sistema financiero los más de 50 millones de dólares ya obtenidos de los bonos del BCB; se debería gestionar un crédito de alivio a la balanza de pagos del FMI para inyectar por lo menos unos 1.200 millones al sistema financiero; se debe reducir el encaje legal en dólares y eliminar el ITF, junto con despenalizar el mercado cambiario libre.

En materia de política comercial externa se debería liberar por completo las exportaciones de todos los sectores y al mismo tiempo liberar las importaciones de insumos y materias primas destinadas a la industria, incluyendo las importaciones de grano de soya, maíz y trigo para cubrir el déficit de molienda de grano del sector agroindustrial. Si se libera la exportación de materias primas, es justo liberar la importación de las mismas garantizando equidad de condiciones.

Finalmente, junto con liberar el uso de la biotecnología en la producción agrícola, se debe mantener la política de incentivo a la importación de bienes de capital y destinar mayor inversión pública a la infraestructura logística y la facilitación del comercio, en vez de seguir comprando plantas estatales para albergar políticos.

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