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11 de julio de 2023, 4:00 AM
11 de julio de 2023, 4:00 AM

Por Flavia Marco Navarro, abogada, feminista, consultora de organismos internacionales


Hace poco más de tres semanas la ciudad se conmovió con la noticia de un niño abusado por cinco adolescentes en un colegio. Una primera reacción a nivel de opinión pública y redes sociales fue de espanto con el hecho y solidaridad con la familia. Empezaron a salir otros casos en otros colegios. A nivel de prensa hubo bastante cobertura y desde autoridades estatales de todo tipo mucha visibilidad y anuncios.

Pasaron los días y …. silencio. Este silencio ya daba para preocuparse. Pero aun más, lo que vino luego fue tristemente predecible. En cuatro días la opinión mayoritaria en grupos de WhatsApp de diversos colegios privados de la ciudad y otras redes pasó de hablar del niño héroe, al niño que inventó todo, que mintió, que veía pornografía en su casa y que por eso armó esta historia. Y una dice ¿cómo es posible tamaña irresponsabilidad, falta de empatía, indolencia? Y sí, es más fácil ponerse una venda en los ojos, convencerse que nada pasó, y volver a la normalidad. No nos engañemos, y sobre todo no le hagamos esto a nuestros chicos y chicas, que en ése y en otros colegios crecerán con la constatación de la impunidad, de vivir en riesgo y la lección de que si les pasa algo mejor se callan.

Este cambio brusco en la opinión pública, sin saberlo las y los participantes, puede ser algo orquestado, parte de una estrategia. De hecho suele serlo, a tal punto que se veía venir. Se trata de la fase de desacreditación de la víctima: ella quería acostarse con los tres, a ella le gusta así bruto, aunque sea adolescente lo provocó, su madre la prostituía, etc. Como en este caso se trata de un niño, toca decir que se lo inventó, pero el fenómeno es el mismo, y posiblemente la estrategia de que es parte también, como seguramente pueden dar fe las valiosas mujeres que se dedican a defender a víctimas de violencia sexual desde espacios como la Casa de la Mujer, Mujeres Creando o abogadas activistas como Jessica Echeverría. Ellas prestan un servicio invaluable y conocido por pocos.

Silencio, seguido de desacreditación de la víctima, dos indicadores sumamente preocupantes que pueden estar dando cuenta de presiones económicas y de que la balanza se está inclinando hacia un lado.

La familia de la víctima le apoyó y defendió, hizo lo que tenía que hacer, posiblemente aun a sabiendas del calvario que les esperaba. La denuncia además cumple una función social por lo que debemos agradecerles. No permitamos que este calvario sea en vano, no seamos irresponsables con nuestros comentarios, hagamos que la presión social incline la balanza para el lado correcto.

Tenemos los ojos puestos en la administración de justicia. Esperamos que la prensa también los tenga y nos ayude a evitar que los silencios sean preludio de impunidad.

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