18 de diciembre de 2023, 4:00 AM
18 de diciembre de 2023, 4:00 AM

Al reflexionar sobre el año 2023 a nivel mundial, nos enfrentamos a una cruda realidad marcada por desencuentros que han dejado profundas cicatrices en la trama global. Desde las guerras en Ucrania y Oriente Medio hasta desastres naturales devastadores y la creciente amenaza del cambio climático, este año ha dejado una huella indeleble en la memoria colectiva.

La guerra en Ucrania, desencadenada por la invasión rusa, ha perdurado durante casi dos años sin signos evidentes de resolución. A pesar del decidido apoyo de países occidentales a Ucrania, la falta de resultados positivos amenaza con desvanecer este respaldo. Vladimir Putin, a pesar de las pérdidas en su ejército, persiste en sus ambiciones expansionistas. La contienda ha alcanzado niveles alarmantes de sufrimiento y desplazamiento, mientras la búsqueda de una solución pacífica continúa siendo esquiva.

En Oriente Medio, los conflictos entre Israel y Hamas persisten, generando un ciclo interminable de violencia y sufrimiento. Tras una breve tregua que permitió el intercambio de rehenes por presos, Israel ha reiniciado los ataques con una brutalidad que comienza a recibir censura, incluso de su principal aliado, Estados Unidos. La búsqueda de una paz duradera también sigue siendo esquiva, a pesar de los esfuerzos de mediación y los llamados a la distensión.

Desastres naturales de magnitud extraordinaria han sacudido diversas regiones, desde huracanes de intensidad inusitada hasta incendios forestales descontrolados. Estos eventos, atribuibles en parte al cambio climático, subrayan la urgencia de tomar medidas significativas para abordar esta creciente amenaza planetaria. Bolivia, en particular, ha experimentado uno de los peores desastres ecológicos de su historia debido a incendios forestales, elevando la contaminación del aire a niveles extremos y poniendo en peligro la salud de la población.

En cuanto al calentamiento global, a pesar de los esfuerzos y acuerdos internacionales, aún no se ha logrado revertir su preocupante curso. Las emisiones de gases de efecto invernadero persisten, y las medidas concretas para mitigar el cambio climático parecen insuficientes.

La reciente cumbre climática en los Emiratos Árabes Unidos ha dejado una luz de esperanza: la mayoría de los países reconocen su dependencia de los combustibles fósiles y la necesidad de transitar hacia fuentes de energía renovable. Este cambio, aunque necesario, plantea desafíos significativos para países en desarrollo como Bolivia, cuya transición energética aún está en pañales. Sin embargo, la cumbre ha acordado destinar recursos sustanciales para facilitar esta transformación, ofreciendo una perspectiva optimista para la reducción de emisiones de carbono hasta 2050.

Estos dramáticos eventos del año han sido exacerbados por la inestabilidad política en varios países. La división política ha alcanzado niveles alarmantes, debilitando las instituciones democráticas y generando tensiones que ponen a prueba la estabilidad de los sistemas políticos. Bolivia, no ajena a esta realidad, ha experimentado eventos exacerbados por acciones de grupos políticamente afiliados. En el próximo año, abordar este tema será crucial para enfrentar posibles adversidades. La defensa de los principios democráticos y la promoción del diálogo se han convertido en imperativos cruciales para contrarrestar estas preocupantes tendencias.

Al cerrar este tumultuoso año, reflexionamos sobre los desafíos que hemos enfrentado como comunidad global. Es evidente que la colaboración externa e interna, junto con un compromiso renovado con valores compartidos, son esenciales para forjar un futuro más justo y sostenible.