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12 de mayo de 2023, 4:00 AM
12 de mayo de 2023, 4:00 AM

Por Franz Isaac Sandoval, economista

El descontento contra el sistema unitario (centralista) está en discusión por aspectos tales como: la actual coyuntura económica, esquemas de desarrollo planteados (regionalmente/nacionalmente), desavenencias políticas, distancia geográfica y económica con el centro de poder. La experiencia ha demostrado también que pueden existir procesos “teóricos” de descentralización y federalización, incluso con marco normativo, pero que no desconcentran realmente el poder ni los recursos.

Cercanos ya a cumplir 200 años de vida nacional, es oportuno plantear 3 reflexiones (una principal y dos derivadas) que son importantes para avanzar hacia una mayor descentralización/federalización de Bolivia.

A) Primera reflexión

Y la principal: es el reconocimiento histórico, social y político de que la centralidad del poder ha sido factor de ineficiencias (por ejemplo: burocracia, mala planificación, sentimiento permanente de injusticia por parte de las otras regiones). Desde esta perspectiva, podemos afirmar que para el caso boliviano, una descentralización y federalización efectiva serían un “imperativo categórico”, ya que, aunque la sede de gobierno ha rotado en diversas ocasiones, esto simplemente ha intercambiado la prelación de actores regionales, pero reproduciendo las ineficiencias. Es decir, se trataría de un imperativo categórico para Bolivia porque un esquema de descentralización y federalización efectivo tendería a estar por encima del beneficio/perjuicio temporal obtenido con un modelo centralizado.

Un ejemplo claro de esa afirmación, lo tuvimos en 1898. En aquellos días, por diversos factores, se elevó el tono de la disputa de la capital (y sede de gobierno) entre Sucre y La Paz. Los reclamos contra el centralismo (dirigido desde Sucre) eran muy parecidos a los que, actualmente y de manera cotidiana, se escuchan contra el centralismo (dirigido desde La Paz). En esos días, algunos políticos, tanto del partido constitucional como liberal, se referían a los ciudadanos de La Paz como “los catalanes de Bolivia”.

Las principales críticas que se suelen hacer al proyecto federal paceño liberal reflejan eso: no avanzaron hacia el federalismo, pero tampoco hicieron un gobierno unitario más eficiente y equitativo. Ganaron el partido, pero mantuvieron el juego (que en discurso pretendían cambiar).

B) Segunda reflexión

No solo es importante el reconocimiento como “imperativo categórico” expresado antes. Si se quiere avanzar, es indispensable considerar visiones imparciales de partida. Por ejemplo, el “velo de la ignorancia” de Rawls, donde los individuos ignorarían el rol que les toca jugar a futuro y por tanto estarán interesados en establecer normas realmente equitativas para todos (dado que no conocen el rol que ocuparán en el futuro). Es decir, aplicado en términos de regiones o espacios descentralizados, este enfoque buscaría condiciones tales que todas las regiones (ricas, pobres, sede de gobierno) tengan condiciones beneficiosas, justas y moralmente aceptables y sostenibles desde la perspectiva del resto de regiones.

En sentido contrario y como ilustración de posicionamientos en base a intereses coyunturales antes que posicionamientos de bien común, podemos retomar y continuar explicando el conflicto iniciado durante el gobierno del partido constitucional. En 1896, el notable cruceño Rafael Peña es elegido primer vicepresidente del Gobierno junto con Severo Fernández Alonso (presidente), por la plancha del partido constitucional.

Para el año 1898, este partido llevaba 18 años en el poder. A finales de ese año, se producen una serie de eventos que exacerban los ánimos del partido opositor (liberal) y de gran parte de la ciudadanía paceña, que desemboca en la guerra civil federal, a la cabeza del coronel Pando, y cuyos dos principales reclamos eran: capitalía para la ciudad de La Paz y Bolivia federal.

Algo importante para lo que nos atañe, es que Peña y los parlamentarios constitucionales cruceños votaron por que la capital siga siendo Sucre, así como también se mostraron reacios al proyecto federal propuesto por los liberales paceños. El comercio, la agropecuaria, la incipiente industria y goma de la cuenca amazónica vinculaban a Tarija, Santa Cruz y Beni con el polo minero de La Plata con epicentro en Sucre. Ante esa coyuntura, estaba claro que les convenía que la capital y sede de gobierno sea Sucre. Eso explica también el porqué de su oposición o imparcialidad ante el proyecto federal paceño, que tenía mayoría parlamentaria en esa época.

Sus temores no eran infundados, pues tal como se describe en el memorándum de la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos de Santa Cruz del año 1904, el Gobierno liberal de Pando priorizó la integración de vías de comunicación y el comercio con Perú y Chile; cortando y dejando en aislamiento al Oriente del país.

C) Tercera reflexión

Hay 3 problemas centrales entre la nación y Estado boliviano: regiones, grupos étnicos/culturales y clases sociales. Depende el momento y lugar, se fusionan, parecen oponerse o se toman como justificación política. De estos 3 conflictos estructurales, el más claro de delimitar y solucionar es el de las regiones (espacios territoriales) y el centralismo. Sin embargo, esa mezcla permanente con los otros dos (grupos étnicos y clases sociales), ha impedido un avance significativo en ese problema entre la nación y el Estado.

Como ejemplo claro, podemos recordar el planteamiento federal de don Andrés Ibáñez, como cabeza del grupo “Los Igualitarios”. En la década de 1870 y en el contexto de grave crisis económica en Santa Cruz, Ibáñez mancornó reivindicaciones de igualdad y justicia social (para capataces, gremiales, artesanos y contratistas), e igualdad entre departamentos, reclamando por el abandono y olvido del oriente (Santa Cruz y Beni) por parte del Estado centralista. Paradójicamente, esa mancuerna “igualitaria” limitó y llevó a la derrota de su movimiento. Dentro de Santa Cruz fue visto como enemigo peligroso por los empresarios agrícolas.

En síntesis, la descentralización y el federalismo como antagonistas al centralismo no avanzaron más en la historia de Bolivia porque los intereses coyunturales y la mezcla con otros conflictos (entre la nación y el Estado) le restaron importancia e impidieron que se conforme una voluntad y conciencia nacional con carácter de “imperativo categórico”.

Es hora de reconocer la ineficiencia, egoísmo y descontento que vienen acompañando al sistema unitario concentrado. Un error histórico, y que ya no debe repetirse, es haber enfocado esta temática como si se tratase de un campeonato “entre” regiones. La idea debe ser conformar condiciones beneficiosas, justas y aceptables para “todas” las regiones.

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