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Perdió la libertad la madrugada del sábado, cuando fue ingresada a una celda común de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (Felcc). Así, y sin ningún tipo de privilegio, la expresidenta Jeanine Áñez ingresó a las 11:00 de ayer en el Centro de Orientación Femenino de Obrajes (COF), uno de los dos reclusorios para mujeres que existen en La Paz.

Pero saludó dos veces antes de pasar por la pequeña puerta que separa la calle del recinto penitenciario. Dos policías mujeres vestidas de civil estuvieron junto a ella durante todo el operativo de traslado que involucró a una patrulla del grupo Delta de la Policía y la escala de una ambulancia de Bomberos. La exmandataria llegó a Obrajes a bordo de un vehículo del Ministerio de Gobierno.

“Como señalan los protocolos, ella debe permanecer aislada por 15 días en un área especial como medida de prevención de Covid-19”, informó a los periodistas Juan Carlos Limpias, director nacional de Régimen Penitenciario.

Áñez fue detenida la madrugada del sábado en Trinidad; allí vivía desde que dejó la presidencia en noviembre de 2020. La Policía, que había desplegado al menos 100 efectivos en ese operativo, la encontró luego de ejecutar varios allanamientos. 

La subieron a un avión Hércules para trasladarla a la base de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB) en El Alto. Al llegar a la Felcc fue prontuariada y se le realizó el examen físico, como ocurre con cualquier delincuente o sospechoso de delitos comunes. 

Estaba vestida con un abrigo negro. De hecho, así pasó dos noches en una celda policial y, desde ese sitio, siguió el domingo la audiencia cautelar que, finalmente, determinó remitirla al penal de Obrajes. Ayer lucía una chamarra verde y un pantalón negro. Así ingresó a la cárcel.

La Fiscalía la acusó de sedición, terrorismo y conspiración, delitos que pudo cometer cuando asumió la presidencia sin los avales legales de una sucesión constitucional. 

El ministro de Justicia, Iván Lima, señaló que, en este caso, Áñez no podrá gozar de un juicio de privilegio porque la acusación la apunta como senadora y no como expresidenta.

Áñez y su defensa, en los alegatos presentados, aseguró que asumió la Presidencia por sucesión constitucional, tras la renuncia de Evo Morales y otras autoridades del MAS. No obstante, la jueza cautelar Regina Santa Cruz no llegó a considerar ese criterio y optó por enviar a la exmandataria a la cárcel por el lapso de cuatro meses, tiempo en el que se debiera instalar un juicio ordinario.

Limpias recalcó ayer que la expresidenta tampoco gozará de ningún privilegio, mientras permanezca en la cárcel de Obrajes, pues luego de superar el tiempo de aislamiento se sumará a la vida cotidiana del resto de las reclusas.

Al interior de la prisión, Áñez fue atendida por personal de salud del Ministerio de Gobierno; fue registrada y fotografiada con el número de carné. Luego pasó a una pequeña habitación de aislamiento. “Allí tendrá ducha y todos los servicios básicos”, dijo el director de Régimen Penitenciario.






“No te preocupes. En estado de derecho, tú tendrás acceso a la salud, a ti te darán auxilio en una emergencia. Podrás acceder a duchas, a alimentarte el momento en que sientas hambre y muchas otras cosas más que a mí me negaron. Dios es justo”, escribió Patricia Hermosa, exjefa de gabinete de Evo Morales y actual directora del Servicio General de Identificación Personal (Segip). Hermosa fue detenida el año pasado cuando portaba documentos personales de Morales.

A principios de abril, una vez que concluya el período de aislamiento, Áñez será enviada a una de las 13 salas de dormitorio común que tiene el reclusorio. De acuerdo con el reglamento interno, las reclusas únicamente ingresan a esos ambientes por la noche, precisamente, para descansar.

Durante el día, las 200 reclusas de penal de Obrajes salen al patio donde realizan actividades. Allí tienen sus “toldos”, una suerte de casitas prefabricadas de venesta y calamina, donde guardan sus objetos personales, cocinan o tejen. 

Estos “toldos”, que forman un laberinto de unos 40 metros cuadrados en el patio del reclusorio, no son parte de las áreas comunes, como la lavandería, la cocina, los talleres de capacitación y la capilla. Las mujeres detenidas allí hacen de todo; lavan ropa y planchan “para la gente”, tejen prendas que después venden.

La cárcel de Obrajes colinda con la residencia de la embajada de Alemania y está cerca de una casa que fue del expresidente Gonzalo Sánchez de Lozada.

Reencuentros

Carolina y José Armando Ribera, los hijos de la exmandataria, no podrán visitarla hasta abril. Las autoridades de régimen penitenciario explicaron que ella podrá tener contacto telefónico con su familia y abogados, durante el tiempo de aislamiento. “Justamente este lunes (por ayer) se repusieron las visitas a las reclusas”, señaló Limpias a los medios.

“Con la ayuda de Dios, ella saldrá de este problema, porque definitivamente no hubo golpe de Estado, sí fraude, y, ella cumplió la sucesión constitucional”, remarcó Carolina, quien estuvo cerca a su madre durante el fin de semana.

Áñez, la segunda mujer que llegó a gobernar Bolivia después de Lydia Gueiler Tejada (1979-1980), tuvo un mandato marcado por la pandemia y la primera cuarentena rígida que vivió el país por efecto de la pandemia de coronavirus. Tras llamar a elecciones, a fines de 2020, ella se animó a ser candidata en una alianza con el empresario Samuel Doria Medina y el todavía alcalde de La Paz, Luis Revilla.

El proyecto naufragó por el escaso apoyo en las encuestas preelectorales y en medio de la crisis que provocó la pandemia. Además, el gobierno de Áñez fue golpeado por un caso de corrupción vinculado con la compra de respiradores españoles, presuntamente, con sobreprecio. Esto provocó la caída del entonces ministro de Salud, Marcelo Navajas.

El mandato de Gueiler, quien fue presidenta de Diputados, comenzó con una sucesión constitucional, pero terminó con el golpe de Estado del 17 de julio de 1980.


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