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1 de mayo de 2022, 4:00 AM
1 de mayo de 2022, 4:00 AM

La lucha por la jornada laboral de ocho horas abrió el espacio para que el 1 de mayo se conmemore el Día del Trabajador. La fecha se instituyó hace más de 130 años y hay que reflexionar si las condiciones del empleo mejoraron sustancialmente en ese tiempo. A priori se puede concluir que la situación de los trabajadores tiene un deterioro en el mundo y, particularmente en Bolivia, como efecto del final de la bonanza económica, de la pandemia y de la ausencia de un plan para mejorar la vida de los bolivianos.

Estudios económicos de diversas fuentes especializadas arrojan un primer dato: el 80% del empleo en el país está en el ámbito informal, donde no se controla ni el horario de trabajo, ni los ahorros de jubilación, ni las prestaciones de salud ni las condiciones de seguridad en que se desempeñan los obreros. Menos aún se fiscaliza si los técnicos o profesionales tienen espacio en el mercado laboral nacional. Hay arquitectos trabajando como cocineros, médicos que conducen un taxi o estudiantes que dejan la universidad para hacer trabajos eventuales por menos de 1.000 bolivianos al mes.

Si hay algo que sobresale en este primero de mayo de 2022 es que hay menos personas con seguridad laboral y de ingresos. Que las presiones sociales sobre las empresas: inamovilidad laboral e incremento salarial, entre otras, hicieron que se abran menos fuentes de empleo y que las que aún cuentan con uno vivan con la incertidumbre sobre su permanencia. Según la Cámara Nacional de Industrias, se han destruido 400.000 fuentes de trabajo en el país después de la pandemia.

Miles de personas que perdieron el empleo se incorporaron en el autoempleo, lo que implica también muchas más horas de trabajo e ingresos precarios vinculados al mayor o menor esfuerzo individual. Se ha registrado el trabajo de muchos miembros de la familia, porque los ingresos bajaron y se necesitan muchas fuentes para mantener un presupuesto mensual; eso significa que hay más niños desempeñando tareas remuneradas, lo que implica deserción escolar y una desmejora en la calidad de vida. Las mujeres también están entre la población más golpeada por la crisis económica.

El presidente de la Cámara de Industria y Comercio, Fernando Hurtado, en su discurso de posesión decía que la mejor forma de redistribuir la riqueza es creando empleos de calidad. La fórmula es lógica y debería ser asumida militantemente por todos, pero no parece ser así. Quizás en algunos espacios de poder político se piense que es mejor tener gente empobrecida y a la espera de migajas (como son los bonos), antes que a ciudadanos con economía saneada, capaces de mejorar su vida de manera sostenida. Por eso mismo, la voz de este dirigente empresarial debería ser al menos reflexionada y el gobierno buscar una estrategia de largo plazo para que haya en el país trabajo digno, ingresos sólidos y certidumbre respecto al trabajo.

Este 1 de mayo es también diferente porque el empleo ha cambiado en Bolivia y en el mundo. La incorporación de recursos tecnológicos ha incorporado el uso de la tecnología y el trabajo remoto. Sin duda es una gran oportunidad para innovar y mejorar los desempeños, pero antes hay que lograr que este nuevo camino no se convierta en una nueva forma de explotación, obligando a los trabajadores a mantenerse conectados durante 24 horas y los 7 días de la semana.

En este año 2022 no se puede dejar pasar esta significativa fecha para hacer un alto y decir a los gobernantes que hay que dar un golpe de timón; que se deben generar las condiciones para que las empresas generen más riqueza y que la redistribuyan dando mejores condiciones de empleo. La ideología no da de comer y la gente necesita certezas y buena economía en sus bolsillos; es decir una cabeza fría y capaz de aglutinar todas las fuerzas para garantizar la estabilidad económica y laboral en Bolivia.

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