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14 de junio de 2023, 4:00 AM
14 de junio de 2023, 4:00 AM

Por Carmen Almendras, abogada


En el seno de la Red Internacional de Mujeres Latinoamericanas y Caribeñas (Rimlac), se erigió el grupo “Bolivia-Chile: construyendo hermandad vecinal”, con el propósito de aportar e incidir en la construcción de integración regional y de una política exterior feminista; para cuyo fin se congregó a una diversidad de mujeres con historias de vida forjadas desde sus ideales, su lucha por la justicia social, los derechos humanos y la democracia; con desempeño profesional y académico, con impacto en el campo político y buenas experiencias que compartir.

Desde mayo de 2021, en numerosas sesiones virtuales y dos encuentros presenciales, se han recogido invaluables aprendizajes a la luz de la metodología de “diálogos improbables”, acuñada por Jean Paul Lederach luego de estudiar decenas de sociedades en conflicto, polarizadas o que se encuentran de espaldas en sus relaciones.

En convergencia con ese enfoque, iniciamos con ciclos de conversaciones circulares y no jerarquizadas, abrigando un entorno sincero, constructivo y empático; con base en el respeto, la pluralidad y la confianza; atendiendo los silencios en el abordaje de ciertos temas y midiendo impulsos en otros tantos. Revisamos críticamente el relacionamiento pasado de nuestros pueblos, nos detuvimos en el análisis del presente y, sobre todo, como sociedad civil nos planteamos reforzar capacidades para contribuir en la proposición de innovadoras perspectivas de un futuro compartido.

En el abordaje de las temáticas priorizadas no se han presentado posiciones dominantes; caben y son legítimas múltiples formas de pensar, resaltando lo que nos une, que no es más que el interés por cambiar imaginarios de integración y reemplazarlos por pautas concretas para “hacer región”, máxime ante la evidencia de circuitos de interconexión real que tienen larga data y que, en ocasiones, van por delante de las dinámicas oficiales.

Siguiendo a Jean Paul Lederach, hemos ido replicando el tejido orbicular de las telarañas, generando enlaces transversales, asentando anclajes y dando vueltas, una y otra vez, sobre hilos invisibles, aprendiendo a tener flexibilidad y adaptabilidad, dadas las estructuras complejas y los entornos impredecibles del terreno en el que nos movemos, sin perder de vista el horizonte del cambio deseado.

Estamos conscientes de que el camino es accidentado y que su curso presenta riesgos, porque el orden patriarcal, en sus distintas expresiones, no duerme y está presto para atacar, desprestigiar, devaluar y sobre todo obstaculizar procesos que pretendan sacudir las actuales estructuras. No obstante, nos sostiene la convicción de que nuestros buenos propósitos son insoslayables e impostergables.

“No somos bolivianas ni chilenas, somos mujeres latinoamericanas construyendo hermandad vecinal”.

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