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6 de junio de 2023, 4:00 AM
6 de junio de 2023, 4:00 AM

Por Hernán Terrazas, comunicador

No se puede decir mucho más sobre la muerte del exinterventor de Banco Fassil, Carlos Colodro, salvo que se trató de uno de los hechos más inquietantes y amargos de los últimos años.

Profesional de prestigio en el campo de las finanzas y, por todas las señales, un hombre más bien tranquilo y de familia, Colodro asumió el desafío de esclarecer las circunstancias que llevaron a la quiebra de la entidad financiera, pero sobre todo a identificar a los responsables, un objetivo que, según confió el propio Colodro a sus allegados, tropezó con insoportables presiones desde “las altas esferas”.

A diferencia de otras intervenciones, la de Fassil supuso quizá un riesgo mayor por el complicado entramado de relaciones e intereses que parecen haberse creado con los años en ese banco y que determinaron que en el primer semestre de este año las cosas llegaran a un punto insostenible.

Difícil saber todo lo que había detrás de escena en una entidad que mostraba su aparente solvencia con múltiples y costosas sucursales instaladas lo mismo en centros urbanos poblados que en alejadas poblaciones en las que, posiblemente, las amplias instalaciones no correspondían necesariamente con la demanda de servicios financieros.

Curioso destino el de las inversiones realizadas por Fassil en infraestructura física, cuando la orientación de la banca en general para llevar sus servicios a los segmentos antes excluidos es la de invertir en el desarrollo de herramientas y canales digitales, que han probado sobradamente su eficacia para facilitar la inclusión financiera y la bancarización. En todo caso éste será seguramente uno de los temas claves de la investigación para el nuevo interventor.

Por lo que se sabe, no existían razones de orden personal o familiar que habrían empujado a Colodro al extremo de quitarse la vida. En todo caso, los resultados de la sorprendentemente rápida investigación ordenada por el Gobierno, mostraron que, si hubo un motivo de fondo, tuvo que ver con la frustración y la tensión originadas por su función como interventor.

Posiblemente no haya existido una mano asesina, como se desprende de lo que dejan ver las imágenes captadas por las cámaras del edificio donde el exinterventor perdió la vida, difundidas por el Ministerio de Gobierno. Pero está claro que ésta es una explicación más bien superficial, que sirve al propósito de desmentir las primeras denuncias sobre tortura o la presencia de otras personas en el lugar de los trágicos hechos, pero que no aclara en absoluto quiénes estuvieron detrás de las presiones que recibió Colodro y que, aparentemente, impidieron que se sepa algo que vaya más allá de un guion de explicación “conveniente” sobre la quiebra de Fassil.

La muerte del exinterventor de Fassil forma parte de una serie de eventos trágicos vinculados a personajes que tuvieron cierta cercanía con investigaciones sobre hechos de corrupción, denuncias e incluso la defensa de personalidades de oposición, cuya muerte también fue supuestamente resultado del suicidio.

Obviamente no hay relación entre un caso y otro, pero eso no quita la sensación de inquietud que dejan esas muertes, más allá de las explicaciones familiares en unos casos y oficiales en los otros. Después de mucho tiempo, tal vez varias décadas en las que no se habían dado eventos similares, los bolivianos vivieron días de amargura, incredulidad y desconfianza.

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