Opinión

Diciembre, un mes auspicioso

3 de diciembre de 2019, 3:00 AM
3 de diciembre de 2019, 3:00 AM

Ha comenzado diciembre, un mes que tiene sus propias connotaciones y que es propicio en este año para que bajen las tensiones y se logre reconciliar al país.


Tras las experiencias vividas en Bolivia, la organización espontánea entre vecinos para ser solidarios entre ellos en busca de un bien mayor es un excelente punto de partida para que esa conducta circunstancial se convierta en norma de convivencia entre bolivianos.

Diciembre es el mes de la Navidad y también el último mes del año. En el primer caso, la celebración del nacimiento de Jesús permite evocar lo que significó la llegada al mundo de un ser que enseñó lo que es el amor por el prójimo; es decir, que se aplaque la carrera individualista y puedan fluir sentimientos de empatía, solidaridad y compasión por los seres que están alrededor, aunque no sean siempre conocidos a nivel personal. El haber estado enfrentados por ideología, por región y hasta por raza ya demostró que solo genera fractura social y dolor cuando llega a extremos, por lo que es importante no perder de vista esa realidad para replantear conductas personales, familiares y sociales que permitan lograr reconciliación en esta Bolivia que es tan diversa.

Si bien la Navidad también se evoca como un tiempo de regalos, la ralentización de la economía es oportunidad para aprender a valorar aquellas cosas que no son materiales y que significan mucho más que tener dinero para comprar y gastar lo que ingresa a la bolsa familiar. Por ejemplo, una visita, una llamada telefónica, un abrazo y otros detalles pueden hacer más felices a los seres humanos que un bien que se usa y se desecha en un instante.

Este diciembre y los meses subsiguientes no van a estar exentos de política. Ya hay en curso una carrera preelectoral que se va a mantener, pero la reflexión permitirá que ese no sea el foco principal de atención, que haya una pausa para ver que la vida continúa con este o aquel candidato, con una o con varias fórmulas partidarias.

Por otro lado, al ser diciembre el último mes del año, es momento de balances y de proyección de objetivos para la gestión que va a comenzar. En la evaluación es importante la honestidad individual para reconocer errores cometidos y para diseñar propósitos que permitan que cada uno pueda ser un mejor ser humano. Bolivia tuvo y está teniendo cambios trascendentales en estos últimos meses, lo que demuestra que nada está escrito en piedra, que es posible eliminar taras sociales como la queja plasmada en el ‘lamento boliviano’, como las prácticas que buscan la ventaja personal antes que el bien social. Todo eso es perfectible y se puede modificar en la medida en que los propósitos estén alineados para la construcción de un mejor país.

Este final de gestión plantea una situación económica, social y política compleja para Bolivia. Nadie de afuera tiene la varita mágica para provocar cambios que todos esperamos si es que esa modificación de intenciones, actitudes y conductas no se alinea y se traduce en coherencia de vida. La mejor manera de hacerlo es saliendo del propio cascarón y actuando con la sabiduría que da pensar en las consecuencias de los propios actos. Si todos lo hiciéramos de esa manera, sin duda, tendríamos una sociedad más humana, más solidaria y encaminada a construir y no a destruir.

Si bien la fórmula es sencilla, no es fácil lograr esos objetivos si no hay un trabajo interior meticuloso que demanda esfuerzo, pero todo lo que se hace con amor por el prójimo (esa maravillosa enseñanza de Jesús) deja la satisfacción que acaba con una frase simple y real: dar es recibir.



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