.

El Deber logo
29 de octubre de 2023, 4:00 AM
29 de octubre de 2023, 4:00 AM

Luz Karen Meneses Chirinos

Las dificultades en el aprendizaje se han constituido, en este último tiempo, en una preocupación constante para educadores y padres de familia, debido a casos identificados mas no confirmados ni atendidos en las unidades educativas y cuyos efectos adquieren mayor relevancia en la educación superior.

Uno de los objetivos de la educación alternativa y especial del Sistema Educativo Plurinacional es el de “contribuir con políticas, planes, programas y proyectos educativos de atención a personas con dificultades en el aprendizaje”; sin embargo, a la fecha, no existe un avance significativo en su cumplimiento.

Si bien el Estado ha capacitado a maestras y maestros para la identificación de estudiantes con dificultades en el aprendizaje, estas capacitaciones necesariamente deben ser continuas. ¿Es acaso suficiente la capacitación en la identificación de dificultades en el aprendizaje? ¿Quién se encarga del tratamiento e intervención de esta población, una vez diagnosticada, ya sea con dislexia, discalculia, disgrafía, disortografía o TDAH (trastorno de déficit de atención e hiperactividad)?

Aunque en algunas ciudades del país ya funcionan centros de educación especial que ofrecen ‘apoyo escolar’, en la actualidad no existen centros de atención exclusivamente para personas con dificultades en el aprendizaje, situación que afecta, no solamente a niños, niñas, adolescentes y jóvenes en edad escolar y de formación universitaria, sino también a personas adultas que no fueron intervenidas oportunamente, siendo la consolidación de estos centros, al igual que los programas de intervención en dificultades en el aprendizaje, una asignatura pendiente del Estado.

Lamentablemente, el desconocimiento de programas de atención e intervención a personas con dificultades en el aprendizaje, genera que tanto padres, madres y maestros no deriven a los estudiantes con especialistas que los acompañen en el respectivo tratamiento y, como consecuencia, padezcan de bajo rendimiento académico, frustración, desmotivación, baja autoestima por las posibles burlas de sus compañeros, ansiedad, estrés e incluso depresión por la desventaja académica que experimentan en su proceso formativo.

¿Qué más puede hacer el Estado ante esta realidad? Con seguridad mucho, aunque por el momento urge que, a través del Ministerio de Educación, se concreten programas de atención e intervención en la problemática de las dificultades en el aprendizaje a nivel nacional, principalmente para estudiantes del nivel primario, toda vez que la edad adecuada para diagnosticar oscila entre los 6 a 8 años.

Ahora bien, a pesar de que existen maestras y maestros de unidades educativas que disponen de cierta carga horaria para apoyar a estudiantes con dificultades en el aprendizaje, la misma es insuficiente por la cantidad de casos que requieren intervención personalizada debido a las características de cada niño, niña, adolescente o joven, por lo que no basta solamente con diagnosticar, sino también acompañar en el tratamiento.

De concretarse la implementación de los “programas de intervención en dificultades en el aprendizaje”, nos permitiría soñar con la consolidación de centros exclusivos para la atención e intervención en trastornos y dificultades en el aprendizaje, a fin de garantizar el tratamiento oportuno, principalmente en poblaciones vulnerables que no cuentan con recursos económicos y, de esta manera, efectivizar la educación inclusiva en el país.

Finalmente, la paciencia, el amor y el apoyo incondicional que puedan otorgar las familias a los niños, niñas y adolescentes con dificultades de aprendizaje no son suficientes, se requiere el compromiso del Estado, en cualquiera de sus niveles, para garantizar su acceso a una educación de calidad, con calidez y en igualdad de condiciones.

Tags