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Dios, ¿estás ahí?

Hernán Cabrera M 27/1/2021 05:00

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Desde hace más de un año la palabra Dios es una de las que más se pronuncia, se convoca, se expresa, se implora y está en la boca de los ciudadanos, desde los más humildes, pobres, trabajadores, campesinos, profesionales, empresarios, ricos, autoridades hasta los más poderosos.

Junto a Dios está la actual pandemia del Covid-19. No hubo lugar en Bolivia en que no se hayan realizado cadenas de oración, cultos, misas, pedidos por la salud y la vida de un enfermo por este virus. Ante ellos, nos asaltan algunas dudas filosóficas que las vamos a confrontar con la realidad de todos los días que nos toca vivir a los mortales de este país y del mundo.

¿Alguien ha visto a Dios en estos últimos años intensos, violentos y pandémicos? ¿Dios nos ha abandonado, ha mandado a su rebaño esta terrible pandemia?

¿Dónde está Dios, qué es Dios, cómo es Dios, de qué está constituido, es una materia o una idea?

¿Acaso Dios no es la palabra más mencionada y presente en los seres humanos, que imploran sus milagros? ¿Por qué no se hace presente a estos llamados agobiantes y desesperados?

En esta pandemia, Dios ha sido requerido y convocado por millones de cristianos, musulmanes, evangélicos, mormones, católicos, cuyos representantes han dedicado ritos, ceremonias, cultos de todos los estilos y elocuencia ¿apareció para hacer algún milagro?

En casi todo el mundo se hacen enormes cadenas de oración, rezos, cánticos, implorando por la salud de familiares, amigos y para que acabe esta pandemia, mientras los enfermos y los muertos por el Covid-19 se multiplican en gran escala. ¿Escuchará Dios ese bombardeo de oraciones y pedido clamoroso?

Cuando algún cercano muere o se enferma grave, lo primero que hacemos es criticar y mandar al infierno al mismísimo Dios, y nos hacemos las preguntas clásicas: ¿por qué fui yo? ¿Por qué me tocó a mí, si siempre he sido bueno?

¿Qué pasa contigo Dios que no te haces ver ante esta humanidad agobiada y desesperada? ¿Estás muy ocupado? ¿No escuchas estos gritos? ¿Es esta pandemia una de las pestes que tenías guardada desde que enviaste a Egipto las diez plagas para liberar a tu pueblo? ¿A quién quieres liberar ahora estimado Dios? ¿Esta pandemia es un castigo divino, un azote de Dios por habernos portado mal y destruido la madre Tierra y prostituirnos?

¿Qué eres Dios, un ser, una materia, un átomo, una partícula, una estrella, un planeta, una piedra, una hoja de un árbol, un ánima? ¿Estás en algún lugar del Universo, detrás de un agujero negro o estás frente a nosotros?

Tantas preguntas y dudas que la humanidad se viene realizando y no encuentra las respuestas divinas ni humanas. Además, se ha escrito tanto pero tanto sobre la existencia o no de Dios, además de convertirse su nombre en bandera para cometer atrocidades a lo largo de la humanidad, como los negros periodos de la Santa Inquisición, las Cruzadas, los atentados terroristas del 11-S. Incluso el científico Albert Einstein, el genio de los siglos que fuera calificado, en una carta de su puño y letra, señala que “la palabra Dios no es para mí más que la expresión y el producto de la debilidad humana”.

Pero esa debilidad se vino expresando a lo largo de la historia de la humanidad y gracias a esa palabra divina, es que se afrontó los problemas y las calamidades que tuvimos que soportar como seres humanos. Ahora más de la mitad de la humanidad se aferra a gritos a ese Dios para pedirle una oportunidad más de vida y superar una situación complicada.

Dios ¿estás ahí? Sí, está ahí, lo comprobé en julio de 2020, cuando a punto de irme para siempre, acudió a mi lecho de enfermo, para su combate con la muerte. Triunfó la vida de la mano de Dios.



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