24 de diciembre de 2023, 4:00 AM
24 de diciembre de 2023, 4:00 AM

Precisamente, donde los ángeles cantaron en la primera Navidad “Noche de Dios, noche de paz”, hoy es noche oscura de guerra, de hostilidad y de muerte. Una persona muerta, es mucha muerte. Miles de personas muertas, son mucha muerte. Diecisiete mil personas muertas, es la debacle humana hechas cifras.

¿Dónde quedó la noche de paz? Dios se humanizó en Jesús en Belén para humanizar el mundo deshumanizado, y ¿cómo los creyentes en el Dios de la vida y del amor, acaban con la vida y al amor le hacen inquina?

Reza Sion: “apártate del mal y haz el bien, busca la paz y síguela” (Salmos 34, 14-15). Invoca la paz el musulmán, cada día al final de sus plegarias y la aleya coránica (2, 208) proclama: “Creyentes, entrad todos en la Paz”. Nosotros los cristianos, anunciamos excelsos que la “Noche de Paz” es “Noche de Dios”. Y en ese trío ecuménico de credos, las personas de bien encontramos la legítima inspiración que nos conmina a la búsqueda inaplazable de la paz. Seducidos por ella, su armonía nos hechiza e interpela, nos encandila e impregna y ante todo, nos convoca.

Y entonces yo me pregunto: ¿dónde dormirán esta Nochebuena los niños en Gaza? Dormirán en la calle, dormirán desconcertados, defraudados, fríos, tristes y dormirán desolados. Algunos, ni dormirán, que el miedo es mal aliado. Niños gazatíes, niños rehenes en Gaza, niños que al norte de Gaza miran tristes hacia el sur. Niños bien aterrados que ven hombres disparar, niños paralizados con miedo a ser disparados, y niños que juegan y olvidan, que sueñan y hasta sonríen y como niños sobreviven. Que sobrevivir, no es vivir.

Pensemos en esos niños, nacidos para la vida y de la vida privados. Cercenados, secuestrados, hambrientos y desolados: vida y muerte al mismo son. En esta Navidad, en que el dolor inocente nos conmueve e interpela, nos salpica y espolea, dejémonos salpicar entregados a la causa, convencidos de lo que Mahatma Ghandi en su advertencia más profética nos dejó: “la paz, es su propia recompensa”.

La Navidad que comenzó en el corazón de Dios, se completa cuando llega al corazón del hombre, del rehén y del captor. Jesús nace en cada Navidad como emisario de paz. Esa paz que ya nos invita a soñar en la universal fraternidad de la mujer y del hombre, de credos e identidades, de razas y de culturas. De una Gaza en paz. De una Gaza en Gracia, agraciada por la paz.



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