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14 de enero de 2022, 4:00 AM
14 de enero de 2022, 4:00 AM

Por Ruddy Orellana V., comunicador y poeta 

Desde la vista del amanecer en el Trópico, haciendo pequeñas maniobras, tres tristes tigres otean el azar antes que anochezca. La Habana para un Infante Difunto se pregunta y se asombra, De donde son los cantantes. Paradiso es la imagen perfecta de una puesta de sol como jamás se había visto en la Isla.

Imagino el bar El Porvenir. (…)“Una joven pianista le arranca al instrumento un tema de Ernesto Lecuona. Aquí, muchos bebedores creen saber cómo se prepara un(a) Cubalibre.

De punta a punta de la barra, los partidarios de una y otra tendencia dicen cosas de doble sentido sobre el origen de los ingredientes fundamentales del cóctel: la cubana del ron (¿Bacardí, Matusalén, Havana Club?) y la norteamericana franquicia del refresco más deleitoso del mundo, la Coca-Cola, pero no se ponen de acuerdo y lo que había empezado como un sano ejercicio parlamentario amenaza con convertirse en un gallinero”(...)

Ese gallinero, bien podría estar compuesto por esos cubanos que se fueron con sus amaneceres, pero que nos dejaron vida en sus libros.

Liderando el cónclave, imagino a José Lezama Lima hablando quedito, mientras la voz áspera de Guillermo Cabrera Infante se va mimetizando con el puro humo de un puro reglamentario que consume el tiempo.

Contando La vida eterna, está Virgilio Piñera, leyendo y releyendo poesía en La isla en peso.

Siempre delicado y afable, Severo Sarduy ilumina con Cocuyo, Barroco e incontenible seductor de la palabra que Cobra vida en Maitreya.

Reynaldo Arenas, se asemeja a un ave nocturna, cavilando con cordura su derecho a abandonar la Isla. Dos Cubalibres, por favor, resuena la voz grave de Eliseo Alberto, Lichi, para los amigos.

Ese gigantesco cubano con corazón de malvavisco, con pasos lentos pero rítmicos semejante a un danzón, que siempre escribió, vivió y murió bajo ese grito impotente y ahogado de la añoranza: “Nadie quiere más a Cuba que yo”, se pone más Habana que nunca.

Lichi, polemiza sobre su Informe contra mí mismo desde Caracol Beach y así, con candela y azúcar, van combinando seriedad, puros, ron, risas y sueños, pero sobre todo, encuentros y desencuentros en los amaneceres más esperanzadores y en los anocheceres menos gozosos.

Eliseo, cuenta una historia extraordinaria, una que Sergio Ramírez difundió alguna vez en un artículo: “Un estudiante le pregunta a José Lezama Lima qué cosa es el azar”. “Tú te subes a la guagua y al lado del asiento que eliges va sentada la mujer que será tu esposa…”, empezó Lezama. “¿Y ese es el azar, maestro?”, lo interrumpió el alumno. “Espérate a que termine, chico”, respondió, “el azar es la mujer que iba en la guagua a la que no te subiste”.

Esa reunión de memoria y deseo, seguro que no está esencialmente marcada por el azar, sino, por el extraordinario amor a Cuba de esos que se fueron sin volver a sentir sus olores y sabores.

Lichi, echa cuento sobre si ahora, más que nunca, la clemencia, que se usa poco en estos tiempos, hiciera posible tomarse un Cubalibre con Coca-Cola y sin culpa.

Cae(rá) el muro político de la inflexibilidad y la bandera vergonzosa de los intereses ideológicos se opacará. Pero también se desploma(rá) el muro que divide(ía) a las dos Cubas: la de adentro y la del exilio. La primera, valerosa y combativa, la que dejaron intacta: escritores, cantantes, artistas y tantos miles de cubanos que se fueron mirando atrás, adheridos a balsas imaginarias, sin temor a convertirse en sal, a quedarse petrificados en el intento más humano por alcanzar otros ámbitos, otros cuentos.

La segunda, siempre presa del recalcitrante discurso de no ceder un milímetro en el embargo, sin embargo, aumentando el grosor de las vallas, no para los Castro o Díaz-Canel, sino para los cubanos que se quedaron esperando otros sueños en el muro del Malecón.

¡Hay de aquella historia que cuente que los cubanos fueron libres de odios y rencores! ¡Hay de ese suceso que asegure la promesa de días mejores y la caída de posiciones políticas absurdas por alcanzar el diálogo, el humanismo, la democracia y la unidad.

Imagino, de pronto, que el ron y la Coca-Cola se pongan de acuerdo –no sé si los personajes del gallinero– se juntan, sin pecado, para hacer más deliciosa una Cubalibre y la venida de algo que está enclavado en lontananza, la libertad y la democracia.

No importa las medidas de los ingredientes, o si es mucho ron o poca Coca-Cola, o viceversa, importa su combinación, el resultado final de una casi eterna agitación en pos de descubrir qué carajo hay detrás de la línea del horizonte.

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