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28 de mayo de 2024, 8:00 AM
28 de mayo de 2024, 8:00 AM

En momentos de crisis, las pugnas políticas y los desajustes económicos suelen acaparar la atención de la opinión pública, dejando de lado el resquebrajamiento social que afecta a los sectores más vulnerables de la población. Basta con observar algunos de los dramas humanos registrados recientemente para darse cuenta de que muchas personas sufren en silencio.

Uno de estos dramas se vive en la Maternidad Percy Boland, donde se encuentran las llamadas ‘madres canguro’. Estas madres, provenientes de provincias, deben permanecer cerca de sus bebés que están en incubadoras o en terapia intensiva. La maternidad no cuenta con instalaciones adecuadas para darles cobijo, por lo que estas madres deben acomodarse con sus pertenencias en pasillos y bancas, a menudo durante meses.

La desnutrición infantil es otro drama que afecta a la sociedad boliviana. La desnutrición crónica tiene una prevalencia del 20,3% y la desnutrición aguda, del 3,4%. Muchos niños desnutridos llegan de zonas rurales a la capital. La pobreza, la falta de saneamiento básico que causa diarreas y las familias numerosas son algunas de las causas de la subalimentación.

Muchos niños llegan al Centro de Recuperación Nutricional Santa Cruz con piel lacerada, cuerpos esqueléticos y con un crecimiento muy por debajo del que corresponde a su edad. Por cada niño, el centro recibe Bs 15 de la Gobernación para la dieta alimenticia, un monto insuficiente para cubrir todas sus necesidades. Estas se cubren con la colaboración de personas solidarias, porque sus madres normalmente no tienen un centavo para aportar a los cuidados de sus hijos. Menos mal que ellas también se benefician, pues los buenos samaritanos les ofrecen trabajos temporales mientras sus hijos se recuperan.

Este centro atiende de manera gratuita, lleva 29 años en funcionamiento y ha ayudado a más de 12.000 niños a recuperar su salud. Esto demuestra que, a pesar de los problemas estructurales del país, hay personas en los centros asistenciales que marcan la diferencia con su esfuerzo y dedicación.

Algo similar ocurre en el Hospital Oncológico, que también recibe a muchos pacientes del campo. El costoso tratamiento contra el cáncer obliga a los padres de los niños internados a hacer malabares financieros para cubrir gastos y mantener a sus familias, aun estando lejos de sus hogares. Nuevamente, las manos solidarias de muchos voluntarios ayudan a paliar una situación traumática para las familias.

Otro cuadro lacerante es el de las personas en situación de calle, especialmente en las frías noches. Pese a que la Alcaldía ofrece un albergue para pasar la noche, muchos sin hogar prefieren quedarse en la calle. Tratan de mantenerse abrigados con lo que encuentran: cartones, plásticos o alguna prenda de invierno donada. Su resistencia a usar el albergue puede deberse a que muchos de ellos son drogodependientes o quizá temen encontrarse allí con personas con problemas similares.

Cualquiera sea el motivo, la sociedad tiene un problema por resolver. Se necesitan trabajadores sociales para rescatar a estas personas de su precaria situación y reinsertarlas en la sociedad de la mejor manera posible.

Como se ve, los sectores más vulnerables de la sociedad padecen lo indecible y luchan en condiciones adversas contra diversos males. El apoyo estatal no es suficiente. Los aportes de personas solidarias y el esfuerzo del personal de estos centros hacen más llevadera esta traumática situación para muchas familias. Urge replantear las prioridades en Bolivia, poniendo más énfasis en el tejido social y menos en la política y la macroeconomía.

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