Opinión

Educación: ¿Y si cambiamos las mochilas por alas?

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16 de febrero de 2020, 3:00 AM
16 de febrero de 2020, 3:00 AM

Patricia Hurtado de Suárez - ABOGADA

Son años reclamando una nueva política educativa, un sistema que mire más al futuro que al pasado y nos ayude a anticiparnos para ser menos vulnerables como personas, como sociedad y como país.

Muchos sentimos que la educación nos ha fallado en Bolivia, no nos prepara para la vida, tampoco hace sentido con el mercado laboral, no nos conecta con el mundo y nos estandariza reduciéndonos a una nota que mide más la memoria y desprecia el potencial de creatividad de millones de cerebros capaces de producir ideas, solucionar retos y desafiar el futuro con talento.

Todos sabemos que la educación está desconectada de la producción y que solo avanzan las sociedades con mayor capacidad de interconexión. Lamentablemente en nuestra realidad el talento no va de la mano de nuestras vocaciones productivas. Esto se refleja en las mediciones del Índice de Competitividad Global (ICG) que ubica a Bolivia en el puesto 101 de 141 y en el Índice Global de Innovación que sitúa a Bolivia en el puesto 110 de 129 economías. El factor más restrictivo para la productividad es la baja capacidad de innovación, y solo innovan los países que invierten en educación, ciencia y tecnología.

No sabemos cuál es el puesto de Bolivia en el Informe PISA (por sus siglas en inglés) un estudio a nivel mundial que mide el rendimiento académico de los alumnos en matemáticas, ciencia y lectura, porque nuestro país no participa del mismo, pero intuimos que no mejor que los indicadores anteriores.

Es hora de rescatar la educación para Bolivia, debemos hacerlo todos porque nos involucra por igual, urge un gran “Pacto de Educación”, que promueva el bilingüismo para conectarnos a nivel global, para mirar al mundo sin complejos. Una educación que rescate el talento individual y no castigue la curiosidad. Como dijo Sir Ken Robinson la creatividad es tan importante en educación como la alfabetización, y deberíamos darle el mismo estatus.

Demandamos una educación que contribuya al desarrollo de habilidades que puedan ser usadas en los trabajos del futuro como las llamadas habilidades STEM (por sus siglas en ingles Sciencie, Technology, Engineering y Math). Que las escuelas enseñen ciencias de forma divertida y sean semilleros de científicos, pero que también impartan habilidades de comunicación, dice el experto Manuel Campo Vidal, “las personas son lo que comunican” y hablar bien es una habilidad rentable, ¿por qué las escuelas no enseñan a los niños a comunicarse eficientemente? ¿Por qué no promueven la gestación de líderes en diferentes campos? Que enseñen inteligencia emocional (pensamiento crítico, empatía, resolución de conflictos, trabajo colaborativo). Los estudios de neurociencia han demostrado que los líderes más eficientes son los que gestionan bien las emociones, y sacan lo mejor de sus equipos. Necesitamos más líderes y menos jefes en las empresas.

Una educación sin estereotipos, que no castigue el error sino que saque la lección aprendida porque equivocarse es parte de la vida y el error es del aprendizaje.

Necesitamos maestros emocionados por enseñar, que emocionen a los estudiantes, como dicen los expertos solo aprende un cerebro que se emociona. Un maestro conocedor de conceptos básicos en materias de neurociencia, el español Francisco Mora afirma que enseñar sin saber cómo funciona un cerebro, es diseñar un guante sin saber visto nunca una mano.

En fin, queremos una educación para la transformación productiva de nuestro país, que convierta el talento y la creatividad en PIB, que impulse el desarrollo de sectores estratégicos mediante la innovación, ciencia y tecnología.

Llego el momento de rescatar la educación, ¡es impostergable!

Cuando vi la posesión de Víctor Hugo Cárdenas como ministro de Educación, pensé: llegó el tiempo de la educación, ¡llegó el tiempo de cambiar las mochilas por alas!

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