El Deber logo
26 de febrero de 2023, 4:00 AM
26 de febrero de 2023, 4:00 AM

Por Alejandro Zegarra Saldaña, PH.D. vicerrector adjunto Unifranz Santa Cruz

En educación superior la calidad está definida por un adecuado calce de las competencias formadas por las universidades, con las competencias requeridas por el mercado, así como por la producción intelectual de las instituciones.

Sin embargo, no es lo mismo saber de historia, que instruir en historia y tampoco es lo mismo enseñar historia que educar con la historia, lo último requiere una mirada centrada en el estudiante y fundamentalmente un esfuerzo deliberado y planificado en contribuir en el carácter del estudiante.

Educar con calidad trasciende la transmisión del conocimiento o didáctica de las asignaturas y se concentra en los valores, en el sello indeleble que denota el carácter descrito en el perfil del graduado.

Hoy la búsqueda de la calidad educativa debe ir más allá de las competencias duras y blandas y concentrarse en el ser, en el desarrollo de personas buenas, de buen carácter y preparadas para aprender toda la vida.

Los estudios del mercado laboral en Bolivia se han concentrado en identificar las competencias requeridas por la demanda laboral y han establecido que existen brechas importantes entre las competencias que se ofrecen y las que se demandan.

Por otra parte, en algunos casos no se diferencian las competencias que distinguen a una de otra carrera, el claro ejemplo es la publicación de requerimientos de personal en la que se solicitan varias carreras relacionadas o carreras similares.

No es nuevo tampoco identificar un común denominador de competencias blandas, que son valoradas y deseables en los candidatos, siendo estas mucho más importantes en algunos casos para tomar la decisión de a quién contratar.

Menos frecuente es encontrar el requerimiento de valores o una descripción de las virtudes que se desean en los profesionales. ¿No es acaso importante, la responsabilidad, el respeto, la confiabilidad o la justicia, en el desempeño profesional?

¿En qué momento la Educación Superior decidió que la responsabilidad de acuñar y forjar el carácter es sólo responsabilidad de los Colegios? Es necesario que las Universidades retomen un rol activo en la promoción, enseñanza y el refuerzo de los valores en los estudiantes.

Es verdad que las competencias blandas, los procesos de metacognición son importantes, así como el desarrollo del pensamiento crítico, la creatividad, la imaginación; además del liderazgo y la inteligencia emocional son necesarias para complementar las competencias técnicas de cada una de las carreras.

¿Pero acaso no es urgente contar con ciudadanos y profesionales que en el ejercicio de su profesión sean buenas personas?

Hoy en la sociedad del conocimiento, es importante aprender a aprender y aprender a desaprender, la única constante es el cambio, el dinamismo de los mercados exigen una permanente adaptación y el desarrollo de la capacidad de innovar de las instituciones, pero en este contexto de sobreinformación, redes sociales, inteligencia artificial, el metaverso y tanta turbulencia, pareciera que se hubiera dejado de lado lo más importante, el ser, el conocerse a uno mismo, controlar los impulsos y cultivar la virtud.

En conclusión, calidad educativa en la Educación Superior, debiera incluir no sólo el saber, o el saber hacer, las competencias técnicas, duras y también las competencias blandas, sin dejar de lado el ser, el carácter de los profesionales, capaces de aplicar lo que aprendieron, tener una orientación de por vida para aprender y sobre todo hacerlo manteniendo una solvencia moral que ejemplifique los valores que queremos en la sociedad.

Tags