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El 2020 encontró su refugio en el hogar

Hernán Cabrera M 4/1/2021 05:00

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El 2020 cuya pronunciación suena mejor que decir el 2001 o el 1998, ha sido un año tremendamente desafiante para la humanidad y lleno de adversidades para afrontarlas, desde las capacidades propias y las condiciones sociales y económicas de cada uno de los habitantes del planeta Tierra.

Ya hemos llorado a nuestros muertos, nos hemos entristecido con los enfermos, hemos apoyado a las familias con escasos recursos, hemos sufrido el despido de una fuente laboral, nos hemos angustiado con los hechos de violencia en EEUU, Inglaterra, Palestina y, cómo no, de Bolivia. Nos hemos enemistado con amigos, familiares y compañeros por nuestro voto en las urnas. En fin, los 12 meses y los 365 días del 2020 quedarán grabados no solo en la historia que se escribe en los anuarios de periódicos, sino en nuestros corazones y cerebros.

Vuelta de página y el 2020 ha sido nuestro año, ese que nos descubrió desnudos ante el mundo y ante lo cual habría que poner en marcha todas nuestras capacidades de sobrevivencia: la creatividad, la innovación, los emprendimientos, los trabajos manuales, el despertar del artista y del empresario que cada uno es en el fondo de su ser. Ha puesto a prueba el talento y la fortaleza del ser humano. Parafraseando al filósofo griego, Seneca, que decía: “El oro se prueba con el fuego”, pues el ser humano se prueba en la adversidad. O sea que a pesar de los golpes recibidos este año, como las muertes de amigos y familiares; el ser despedido de la UNE; el estar contagiado con el virus del covid; llorar la enfermedad de muchos parientes, nos queda ponernos de pie y sentirnos como lo hacía el escritor de varios nombres, Fernando Pessoa. “Me siento nacido en cada momento a la eterna novedad del mundo”.

El 2020 que cargó sobre sus espaldas la pandemia del covid-19 nos mandó a encerrarnos, por meses, a cobijarnos en el lugar más cálido, lleno de energías y al que casi no le damos tiempo: el hogar y la familia, ambos se constituyeron en el muro de contención y también en la vacuna para enfrentar, de acuerdo a las condicionantes de cada país, el temible avance de este virus.

Fedor Dostovieski, escritor ruso, el autor de “Los demonios”, decía “toda persona ha de tener un hogar donde poder refugiarse”. Ese hogar que tuvo la humanidad para protegerse, no solo es el hogar o la casa donde uno habita, sino también ese hogar estuvo en las calles, en los centros de apoyo o atención, o en los hospitales. También nuestro hogar está en la lucha diaria y en la vida, en el furioso deseo de vivir. Si, en la existencia que es la medicina más eficaz frente a los males, a los vicios, a las maldades, a los golpes.

Este confinamiento o cuarentena en el que hemos sido protagonistas los seres humanos de este planeta nos obligó a hacer una pausa en los ajetreos laborales, en fiestas entre amigos, en las reuniones vecinales y políticas, en los viajes por el trabajo, invitándonos a concentrarnos en nuestras potencialidades y en nuestras familias. Aquel que no lo ha hecho, debe estar inundado del virus de la estupidez y la ignorancia.

Gracias al 2020 y las adversidades que nos cruzaron como un turbión, hemos sido capaces de reaccionar y poner en marcha ese poder innato en las personas: el de adaptarnos a las circunstancias, el de enfrentar los retos y vencer las adversidades.

De ahí que la vida sigue y con ella nosotros, quienes debemos tener la humildad y visión de sacar lecciones poderosas este año, como la de valorarnos de la mejor manera y valorar más a la familia, y los desafíos que nos puso por delante, porque tenemos solo una vida y solo este planeta, no hay otro donde podamos huirnos, y definitivamente, así como lo dice Fernando Pessoa, “el mundo es para quien nace para conquistarlo y no para quien sueña que puede hacerlo, por más que tenga razón”.

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