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27 de marzo de 2023, 4:00 AM
27 de marzo de 2023, 4:00 AM

Por Hernán Terrazas E.-Periodista

El MAS ya puso en marcha su estrategia para llegar al 2025 con vida y voto. La tensión interna forma parte de esta historia. Es una suerte de gimnasia para no perder el músculo político, mientras en la oposición solo se escuchan voces cautelosas y se cae en el error de pensar que dos años es mucho tiempo.

En la política boliviana de las últimas dos décadas sólo hubo un proyecto, el del MAS, y lo otro fueron candidaturas que nacieron al calor de los procesos electorales, grupos que se crearon sobre la hora y con un discurso de ocasión que se sustentaba en el clásico “haremos todo lo contrario de lo que hizo el anterior”.

Y es que para algunos opositores “todavía es prematuro hablar de elecciones”, como si el día del voto no fuera el desenlace del largo proceso de construcción de un proyecto que acumula poder en el camino.

Lo “prematuro”, en realidad, son esas candidaturas que nacen sin gestación y que dependen más de las debilidades ajenas que de los aciertos propios, que se hacen en oposición a otros y no a favor de determinadas ideas.

Desde hace años que en la oposición hay más candidatos que proyectos, entre otras cosas porque todos esperan el último acto para hacer su aparición y los que tuvieron roles protagónicos en el pasado creen que basta con el nombre para llevar nuevamente gente al teatro. Por lo general se dan cuenta tarde que la obra cambió y el público también.

Por eso es saludable que haya nuevos actores y actrices sobre el escenario. Los viejos líderes y su “perseverancia” política no desaparecerán por voluntad propia, sino por la irrupción de nuevas propuestas que sean la suma de demandas fragmentadas en las múltiples comunidades que hoy forman la sociedad.

En Bolivia y en otras partes también por lo general se hicieron las cosas al revés. Primero se elegía al líder y luego se ponían de acuerdo en la visión de país. Era como acomodar un proyecto al perfil del personaje. De ahí el naufragio penoso de las siglas a lo largo de los años, barcos que encallaron rápidamente en el olvido.

Ahora que incluso el MAS se ha quedado sin propuestas y concluido su ciclo en medio de una más que encendida confrontación interna, sin otra idea en ambos bandos que la de disputar los privilegios y beneficios del poder, la oportunidad está abierta para que en el país se debata sobre lo que verdaderamente le interesa a la gente.

Para eso tienen que cambiar muchas cosas, incluso las preguntas que se hacen en las encuestas y los temas que se ponen sobre la mesa de los estudios focales para detonar la reflexión de unos cuantos invitados.

No es solo una cuestión de decir o prometer hacer algo diferente de lo que hace o hizo el adversario, sino de interpretar las percepciones de la gente más allá de los términos de la polarización o de los temas que marcaron la historia reciente.

No todas las contradicciones están resueltas, claro, pero mirar al país en blanco y negro puede terminar por borrar el arcoíris y excluir una diversidad de aspiraciones que son parte de una agenda intuida, sobre la que no existe suficiente reflexión.

En Bolivia, como en otras partes, la crisis de mediación es evidente. La confianza en las instituciones ha tocado fondo. Por eso la importancia de adelantarse y construir antes de que venga alguien con el mandato de destruirlo todo. ¿Hay que hablar de las próximas elecciones? Por supuesto que sí. ¿Es prematuro identificar posibles candidaturas? Por supuesto que no. El 2025 ya está aquí y hay que actuar con sentido de urgencia.

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