6 de marzo de 2022, 4:00 AM
6 de marzo de 2022, 4:00 AM

La invasión de Rusia a Ucrania ha pateado el tablero de ajedrez de la energía en el mundo. En particular, el mercado del petróleo y el gas natural. El precio del oro negro superó los 115 dólares el barril, en cuanto el gas estuvo rondando los 5 dólares el millón de BTU. Además de los incrementos en los precios de estos energéticos en el corto plazo, se vislumbran cambios estructurales en el funcionamiento de los mercados de la energía y su consecuente correlato geopolítico.

¿Qué lectura se puede realizar desde Bolivia de estas transformaciones? Además del obvio impacto que tendrá el incremento de los precios de los hidrocarburos, tanto en exportaciones como importaciones, del que se hablado mucho en los últimos días, habría que preguntarnos: ¿si estas nuevas tendencias representan una nueva oportunidad para el gas boliviano? En caso afirmativo: ¿Cuál debe ser la política económica internacional vinculada al tema del gas natural?

Comencemos describiendo el complejo ajedrez del gas natural en Europa. Esta región importa el 40% del gas de Rusia. Bélgica, Francia y Holanda compran menos del 10% del gas que consumen. Alemania e Italia importan en torno del 40% del gas de la tierra de Putin. Austria, Hungría Eslovenia y Eslovaquia importan en torno del 60% de gas de los rusos. Polonia depende en un 80% del gas natural de Rusia y Bulgaria en un 100%. Los datos provienen del artículo de Poitiers, Tagliapietra, Wolff y Zachmann/The Kremlin’s Gas War. Foreign Affairs, 2022

Sustituir esta dependencia es una tarea de mediano y largo plazo que implica mucha cooperación y coordinación entre los miembros de la Unión Europea. Muchos países tienen reservas de gas que seguramente van a compartir con otras economías. También se acelerará el proceso de usar energía renovable o volver energías como la nuclear en el caso de Alemania. El LNG, gas liquidado, que se vende a través de barcos metaneros, podrá jugar un papel central en la ecuación de la nueva matriz energética de Europa. Pero esto tomará tiempo. Estados Unidos es un exportador importante de este energético, pero en el corto plazo no tiene capacidad para abastecer el mercado de Europa.

Los países occidentales han aplicado sanciones económicas y financieras sin precedentes en la historia mundial. Sin embargo, si Rusia sigue recibiendo pagos por su gas natural y petróleo a los precios actuales, sus ingresos son de 700 millones de dólares diarios. Este oxígeno financiero disminuye la efectividad de las sanciones económicas aplicadas.

Según Daniel Yergin, un especialista mundial sobre el tema energético, los cambios producidos por la guerra en Europa registran las siguientes tendencias: en el corto plazo, Europa no puede sustituir la compra de petróleo y gas que proviene de Rusia.

En los próximos meses se espera otra batalla para bajar los precios de los hidrocarburos. EEUU y Europa comenzarán a vender sus reservas estratégicas de petróleo y presionarán para que aliados como Arabia Saudita y los Emiratos Árabes vendan más crudo en el mercado. Todas estas acciones de corto plazo están destinadas a bajar el precio del petróleo y el gas natural y de esta manera estrangular financieramente a Rusia de manera más efectiva y hacer que las sanciones económicas tengan un mayor impacto.

Es probable que la guerra retrase los planes de sustitución de estas energías sucias por energías renovables. Si el conflicto se profundiza, también, es posible que países como Alemania vuelvan a reactivar sus plantas nucleares.

La seguridad energética volverá a ser central en el comercio de hidrocarburos y de otro tipo de energías. Los países buscarán no depender de un solo proveedor, por lo que se ampliará el comercio de LNG, que convierte al gas natural en commodity.

Ciertamente Rusia también hará sus jugadas en el tablero del gas natural. Esto implicará mayores ventas de gas y petróleo a China. Es probable que también pidan que China le ayude a romper el bloqueo económico; por ejemplo, podrían usar el sistema interbancario del gigante asiático para realizar sus transacciones de hidrocarburos.

En suma, con la guerra en Europa, los hidrocarburos han ganado tiempo en su horizonte de consumo. Por ejemplo, la energía seguirá siendo cara y habrá una gran demanda de gas natural. Cabe recordar que ya antes del conflicto bélico, se consideraba el gas natural como una energía de transición a las energías renovables porque, comparado con el carbón y el petróleo, su impacto negativo sobre el medioambiente es menor.

Este nuevo contexto de la energía a escala mundial abre una ventana de oportunidad para Bolivia. Como es conocido el país tiene un potencial gasífero todavía no explorado, y si se tiene una postura de política exterior pragmática, basada en los intereses nacionales y no en la ideología, deberíamos cambiar la Ley de Hidrocarburos para atraer la inversión extranjera directa. Dos prioridades: encontrar reservas de gas a la brevedad y retomar el tema de la exportación de LNG. Este camino refuerza la economía extractivista, pero la necesidad tiene cara de hereje. En el mediano plazo, no hay muchas alternativas a los ingresos generados por las exportaciones al gas natural y con la guerra en Europa, el mercado de la energía ha adquirido otras dimensiones.

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