Opinión

El avasallamiento de la propiedad privada, un problema de civilización y cultura

25 de febrero de 2021, 5:00 AM
25 de febrero de 2021, 5:00 AM

El derecho de propiedad tiene su origen cuando las sociedades humanas comienzan a regirse por normas de convivencia, vale decir, cuando se produce el advenimiento de la ley escrita. Debieron transcurrir muchos siglos que pasaron por esa etapa precaria de la civilización, para que el hombre como ser racional, intuyera aquel principio tan elemental en las relaciones interpersonales, consistente en saber distinguir que el derecho de uno, termina donde comienza el derecho de los demás. Así pues, la etapa en que el hombre ocupaba las cosas y su derecho sobre ellas, como resultado de la fuerza con que las defendía y conservaba, pertenece al pasado histórico de la humanidad.

El derecho de propiedad nace con la ley, se forma un vínculo moral entre la persona y la cosa, independientemente de la posesión, por cuanto se puede ser propietario de la cosa, sin tener la posesión y a la inversa, se puede tener la posesión de la cosa, sin ser propietario, aunque ambas cosas van de la mano, casi siempre se presume que quien posee algo, es el propietario, no obstante, también puede ser un poseedor precario o simple detentador.

De ahí que el que invade una propiedad y la llega a poseer sabiendo que es ajena, se convierte en poseedor de mala fe, su posesión es viciosa, ya que su intención es apropiarse de lo que pertenece a otro, se produce el rompimiento de ese vínculo moral y jurídico que existe entre la persona y la cosa; hay violación del derecho de propiedad, se quebranta la ley que está para protegerla, más aún cuando la autoridad con una actitud benévola se convierte en cómplice, al no actuar en su defensa con el rigor que le impone la norma.

Ese fenómeno sórdido, deshonesto, de apropiarse de lo ajeno, tan común en nuestro medio y que en la mayoría de los casos prospera con la complicidad y connivencia de las autoridades, definitivamente nos tiene relegados a los albores de la historia. Nos muestra carentes de cultura, incivilizados, con el agravante de que existe la ley, pero no se la cumple, permitiendo y dando lugar al avasallamiento, usurpación o despojo violento de la propiedad.

Costumbre abusiva la invasión de la propiedad, hoy agravada con la aparición de leyes ambiguas, que se prestan a interpretaciones erróneas, porque permiten los asentamientos clandestinos casi siempre en tierras ajenas, pisoteando el derecho de propiedad, originando en algunos casos los cinturones de miseria y consecuentemente agrandando la marginalidad social, como observamos en muchas metrópolis del continente.

La propiedad privada en Santa Cruz se encuentra totalmente desprotegida, a diario vemos su atropello y despojo, a veces estorbando al dueño, otras expulsándolo o alterando sus linderos y el procedimiento legal para recuperarla, se convierte en un campo de batalla para el propietario, que en el mejor de los casos debe enfrentar “arreglos” que concluyen con el cercenamiento de su propiedad, resultado de transacciones amañadas y forzadas donde siempre sale ganando el usurpador.

Muy difícil concebir una Bolivia próspera, mientras sigamos mostrando al mundo una ventana donde los excesos y abusos de lo ajeno, están a la orden del día. En primer término, hay que poner atajo al sometimiento de la propiedad privada, siendo esto una necesidad inminente, fundamental, si queremos atraer capitales externos, que puedan gozar de las garantías que debe otorgarle el Estado y así contribuir a nuestro desarrollo para salir de una vez por todas, de este inmerecido atraso que nos tiene en pleno siglo veintiuno relegado a país “pobre”. Siendo que las inconmensurables riquezas que poseemos en todos los ámbitos, fácilmente podrían lanzarnos al concierto de países del primer mundo.

Al margen de la defensa firme del derecho propietario, con el solo cumplimiento de ley, hay que fomentar programas educativos, impulsar el conocimiento, herramientas básicas que de por sí crean en la conciencia colectiva, de que el respeto al derecho ajeno es sinónimo de civilización y cultura. Asimismo, las autoridades que tienen en sus manos la majestad de aplicar la ley, que sea para considerar sabiamente y decidir imparcialmente cuando se atenta contra el patrimonio ajeno.



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