6 de junio de 2023, 4:00 AM
6 de junio de 2023, 4:00 AM


Estamos ingresando a un espacio complicado y provocador en el que se confrontan las emergencias cotidianas con la Agenda del Futuro. Ambas categorías son imprescindibles de enfrentar, sin embargo, debemos hacer un esfuerzo para establecer equilibrios para que la urgencia no termine venciendo a la esperanza.

La verdad es que los titulares con los que nos topamos en los medios de comunicación social y las redes, a veces no ayudan mucho y obligan a un esfuerzo extra de atención, sindéresis y discernimiento. Otro componente presente en los últimos tiempos es la violencia, en todas sus manifestaciones; sobre ella, debemos quedarnos con la certeza que la sociedad boliviana no acepta llegar a sus manifestaciones extremas y los gritos destemplados de “ahora sí, guerra civil” han sido superados definitivamente por una necesidad de trabajar y producir que el Estado y la sociedad necesitamos para crecer con dignidad.

Recorriendo la geografía patria y contrastando sus caminos con lo que ocurre en el Viejo Mundo, me vuelve una suerte de tranquilidad prudente respecto a las ventajas que tenemos para enfrentar el futuro. La primera tiene que ver con la contundencia que el 60% de la población boliviana es menor de 30 años. Ese solo enunciado puede ser una respuesta suficiente para definir muchas de las respuestas que debemos darnos. En el esfuerzo de establecer categorías útiles y relacionarlas entre sí, he encontrado las 4 que integran el título del presente texto para que trabajemos y produzcamos con paciencia.

Cuando me refiero al Bicentenario, aparecen los próximos dos años en los que deberemos hacer un esfuerzo por reconciliarnos. Bolivia es el último país latinoamericano que celebrará los doscientos años de independencia de España y ello exige un acuerdo colectivo pues tenemos que definir la Agenda del Bicentenario, para que la fecha cumpla su cometido. Unido a él, aparece el instrumento de la cultura que marcó la presencia europea en el Nuevo Mundo y que fuera apropiada por los criollos, indígenas, mestizos, negros y sambos, como propia. El barroco a
mericano enriqueció las manifestaciones de la cultura universal y generó una creación que después se llamó lo real maravilloso. Fueron tiempos de imperio, colonia y explotación, y también de aprendizaje de una forma de vida que hoy nos identifica en esta combinación virtuosa de la creatividad indígena y la partitura europea. La lengua castellana del español, permitió que todos nuestros pueblos se comuniquen entre sí en una suerte de lengua franca que abrió el entendimiento.

Sobre esa base, estamos descubriendo las cualidades del turismo como realidad objetiva, construido sobre nuestra forma cotidiana de sobrevivencia y desarrollo, y que alcanza en la cultura viva la manifestación de un modo de progreso, auténtico y poderoso. El patrimonio, el acervo cultural, la exuberancia de la naturaleza y la fuerza de nuestros pueblos, se convierten hoy en una invitación al mundo a conocernos, y para nosotros, a abrirnos. Junto a todo eso, la definición por economía de escala y opción de vida digna, aparece el vivir en ciudades que respondan a las necesidades de concentraciones urbanas, demandantes y orgullosas. El vivir en ciudades, es una responsabilidad que se ve acompaña de tareas y acciones concertadas e ineludibles.

Ésta es la Bolivia del Bicentenario, y como vengo repitiendo, su ejecución, empezó ayer.

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