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30 de diciembre de 2022, 4:00 AM
30 de diciembre de 2022, 4:00 AM


“Veamos: oponerse a que avasallen nuestros campos para sembrar coca; a que nuestros parques nacionales sean convertidos en santuarios del narcotráfico; a que nuestros recursos minerales sean entregados a chinos y nuestros recursos estratégicos a los rusos, y a que nuestra seguridad como Estado, sea encargada a cubanos y venezolanos, no es dividir al país...”. Juan Francisco ‘Buby’ Gonzales Urgel.

Y tiene razón: en Santa Cruz nos oponemos al despropósito del régimen actual y el de su predecesor, en 17 turbulentos años para la convivencia democrática entre diferentes.

También nos oponemos al manejo infame, corrupto e impune de la administración de justicia, con un Poder Judicial sometido al poder político, en manos del Movimiento al Socialismo(MAS). Algunas pruebas: la vil sentencia a la expresidenta Constitucional Jeanine Añez, condenada a 10 años de prisión sin haber cometido delito alguno; la abusiva detención preventiva a Marco Pumari, ex presidente del Comité Cívico de Potosí ex candidato a la Vice presidencia; los más de 150 presos políticos en esa condición de indefensión, además de procesos-guillotinas judiciales aplicadas a quienes ejercen su derecho ciudadano a la crítica y al disenso. O el inventado caso “terrorismo” con 39 imputados, muchos de ellos presos durante más de 10 años, amén de otras víctimas, cuyo destino fue el exilio. Hoy, la venganza contra el gobernador cruceño Luis Fernando Camacho, secuestrado violentamente y trasladado a La Paz, acusado del falaz Golpe de Estado I. Otra víctima de la violación al Estado de Derecho y los Derechos Humanos: en 2019 hubo fraude no golpe.

‘Oponerse’ al centralismo es el sentimiento colectivo de la sociedad cruceña, a lo largo de toda su historia. Hoy, Santa Cruz interpela una vez más al Estado para construir una relación menos autoritaria, menos coercitiva sobre las decisiones que inciden en la vida de toda la ciudadanía boliviana. Que el presidente Luis Arce se mostrara ferozmente agresivo y racista contra Santa Cruz y su gente, habla de una relación miserable y fallida, pues convocó a las Fuerzas Armadas a actuar contra las elites cruceñas “que se sienten superiores por el color de su piel o por sus apellidos extranjeros”. El presidente y sus afines afirman que los dirigentes del Comité Interinstitucional de Santa Cruz que reclama una nueva relación con el Estado, son croatas, como si serlo fuera un anatema.

Ignorantes irredentos, pues esos dirigentes apellidan Calvo, el cívico; Cuéllar, el rector y Camacho el gobernador, todos criollísimos. Y si la demanda cruceña, que es política, se convierte en racial por los orígenes de apellidos, pues citaremos algunos nombres de conmilitones del MAS: Richter, vocero; Armin Ludwig Dorgathen, ministro; Dockweiler, ex candidato a alcalde, o castizos en Santa Cruz como Borda, dirigente petrolero; Mariaca fiscal departamental; Quiroz, concejal; Zeballos, asambleísta, por citar solo algunos. ¿Acaso el presidente apellida Mamani o Huanca, y tiene el color de la piel de los originarios?

Este ‘oponerse’ al centralismo desde Santa Cruz, debiera llamar la atención a quienes ejercen funciones públicas, como a historiadores e investigadores de ciencias sociales, pues hay un hilo conductor en estos casi 200 años desde la fundación de la Republica en 1825: la rebeldía cruceña frente el poder central, siempre punitivo. También contra el colonial, como atestigua Alcides Parejas Moreno, quien, en el Archivo de Indias en Sevilla, estudió que a pocos decenios de haber sido fundada Santa Cruz de la Sierra (1561) sus habitantes ya eran calificados como levantiscos.

La constante fue y es el apego a ser libres de sus intelectuales, cívicos, profesionales, empresarios y políticos para cambiar las condiciones materiales de su existencia, sujeta a la triada ‘centralismo-postergación-olvido’, hasta hace 60 años. De ahí surgió la necesidad de tomar decisiones vitales para su desarrollo, que no condecían con el “ser minero”, de acuerdo a las exigencias coloniales y republicana. Tampoco coinciden con el fallido ‘modelo económico social productivo comunitario’ del MAS, tributario de “la línea dada por Fidel y Hugo desde 2006”, Castro y Chávez, respectivamente, según confesó el propio ex Morales. Línea tributaria de frustradas experiencias de pensamiento único.

Las demandas cruceñas nunca fueron separatistas ni divisionistas. Si desde el poder central leyeran solo el Memorándum de 1904, irrebatible tesis de la élite de entonces, quizás podrían -aunque tampoco es seguro- comprender algo de la historia regional. En esa época, los cruceños demandaban vías de comunicación a través de un ferrocarril y atención estatal para sentirse parte plena y no marginal de Bolivia. Solo a través de un devenir vertiginoso, a zancadas y a tropezones con el poder central, Santa Cruz hoy es el centro socioeconómico y demográfico del país: contiene la Bolivia cultural y étnicamente diversa, donde quien llega, desde cualquier lugar, “es un cruceño más, sin dejar de ser boliviano”, como afirma el ex gobernador Rubén Costas Aguilera.

Entre las tantas variables que debe incluir la nueva relación entre el Estado y Santa Cruz habrá que exigir la vigencia del respeto, respeto que debe conllevar menos insolencia vengativa. En el MAS, ni Arce, ni Morales, nadie es demócrata. Así, un 2023 menos violento, algo amable, no parece posible.

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