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8 de agosto de 2022, 6:28 AM
8 de agosto de 2022, 6:28 AM

Después de los actos patrios y los deseos de unidad de todos los bolivianos y bolivianas, más allá de los colores políticos, las ideologías, las religiones y las posiciones ante la vida misma, llegan dos días de paro que buscan presionar al Gobierno después de postergar la realización del Censo de Población y Vivienda para el 2024.

La semana anterior los bloqueos, la violencia y las amenazas no descansaron. Así llegó el  6 de agosto, el día que Bolivia cumplió 197 años de vida, con los rostros tiesos y los ojos fijos en un problema llamado, la fecha del censo.

 Santa Cruz, desde hace tiempo, se ha convertido en un epicentro político de conflictos, propios, importados, inventados o disfrazados, como se quiera llamar. Cabildos, asambleas, marchas, movilizaciones, paros cívicos, etc. Modalidades de protestas y reivindicaciones de una región que reclama sueños postergados.

Quienes bloquearon la semana anterior hoy despejan y quienes reclamaban por trabajar y estaban impedidos por los bloqueos, hoy paran e impiden transitar. Paradojas de una situación perjudicial para el ciudadano de a pie.

En el mismo 6 de agosto, en la capital oriental, sus máximas autoridades compartieron un acto, el mismo suelo, el mismo aire y el mismo cielo, pero no se estrecharon la mano ni para felicitarse. Huelgan las palabras para explicar la división.

Con epítetos provocativos y de grueso calibre se intenta degradar una posición tomada y de la vereda de enfrente otra postura política riñe el pasado del contrincante.

Hoy Santa Cruz se divide en quien apoya al paro convocado por la Comisión Interinstitucional y quienes entienden que no es conveniente parar y seguir dialogando en mesas técnicas.
Esta situación atirantada ha dejado a los cruceños en una situación controversial. La fecha del censo, tan necesario como prometido, ha roto la convivencia pacífica dejando secuelas mientras nuevas heridas se reabren peligrosamente. Si sumar conflictos es una estrategia para dividir, pues el diálogo y el entendimiento son las tácticas para unirse y fortalecerse.

La lógica del reclamo y de la lucha es tan soberana y digna como la que se ampara en insistir en apostar al diálogo para encontrar nuevas respuestas. Si el objetivo es el censo 2023, los caminos se bifurcan y encuentran distintos métodos, sin saber todavía cuál de los dos tendrá mejores frutos.

La fecha fijada para el 16 de noviembre de este año por el Instituto Nacional de Estadística (INE) no pudo cumplirse por la falta de actualización de la cartografía.

 El Gobierno ha cambiado las reglas de juego en el medio del camino y hay un sentimiento de que esquiva las explicaciones, escondiéndose en un reservorio de tecnicismos que no convencen.

Los argumentos que se dieron en las alturas han bajado con olor a excusa y de nuevo reabren no solo los dilemas sino las diferencias.

 Otras regiones miran de reojo a una Santa Cruz que tomó medidas extremas por 48 horas para reivindicar que la gran encuesta censal se realice en 2023 y no en 2024 como la ha previsto el Decreto 4760 del 13 de julio.

Si bien las dos posturas ante un censo necesario, sin dudas, elige dos formas de abordarlo, el modo de satisfacer la demanda antepone al ciudadano ante dos escenarios distintos. La compleja no puede exponer a Santa Cruz a otro polvorín de conflictos. Después de dos días de paro será necesario evaluar y encontrar nuevas estrategias a través del diálogo para que el ciudadano gane, pero a corto y a largo plazo. Santa Cruz merece mejores días.

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