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22 de noviembre de 2023, 3:00 AM
22 de noviembre de 2023, 3:00 AM

Las crisis globales pos pandemia, el desarrollo acelerado de la tecnología y los cambios significativos en los modelos empresariales en todo el mundo, están generando un impacto cada vez mayor sobre el ámbito laboral, no solamente en el acceso y la calidad, sino también a las competencias y las capacidades.

Presionadas por entornos cada vez más complejos, los sectores productivos generadores de empleo necesitan mayor eficiencia en productividad, calidad e innovación, cualidades que no pueden cubrirse solo con más capital o mejor tecnología, sino con personal más competente, entrenado y sobre todo motivado, es decir dotado de talentos suficientes para enfrentar y administrar los nuevos desafíos.

Las empresas no solo demandan trabajadores con formación técnica y conocimientos académicos, sino también con capacidades de adaptabilidad, aprendizaje continuo, resolución de problemas, pensamiento crítico, flexibilidad para adaptarse a los cambios, comunicación efectiva y disposición para trabajar en equipo.  Estos desafíos, que ya se percibían hace décadas, están cobrando mayor vigencia en los últimos años, y se han convertido en uno de los mayores desafíos para los países en desarrollo, donde el capital humano se ha convertido en una prioridad debido a que contar con una fuerza de trabajo con altas competencias es fundamental para impulsar la competitividad, mejorar las condiciones laborales, crear y sostener empresas y aumentar la productividad.

Lamentablemente, en el caso de Bolivia, el desarrollo de estas condiciones es todavía muy precario, aún entre las nuevas generaciones, debido a la deficiencia de los sistemas educativos desconectados de la realidad laboral, la poca información sobre las necesidades del mercado y sobre todo la creciente informalidad.

Una reciente encuesta denominada “Mercado laboral en Bolivia - Demanda 2022”, realizada por el Banco Interamericano de Desarrollo y aplicada a 1.890 empresas de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, revela por ejemplo que el 40% de las consultadas reportó tener dificultades para contratar personal por la falta de capacidades entre los candidatos.  Más allá del conocimiento específico, en el 13% de los casos, los aspirantes al empleo tenían dificultades incluso en lectura, escritura y comunicación verbal, y el 11% en pensamiento crítico.

El informe también encontró que, entre las dificultades para encontrar habilidades en las ocupaciones esenciales, un 22% de las compañías encuestadas señalaba que identificó problemas en la responsabilidad y compromiso; un 18% en atención al cliente, un 11% en habilidades de liderazgo; un 16% en capacidad de trabajar en equipo y un 13% se refirió a las habilidades de resolución de problemas.

Sin embargo, los desafíos no se circunscriben a las capacidades señaladas. La evolución del conocimiento obliga a los trabajadores a actualizarse constantemente, y la adaptación a los cambios tecnológicos es una competencia crítica que las empresas valoran cada vez más, igual que la buena disposición para trabajar eficientemente con personas de diversas culturas y el respeto a las diferencias.  Asimismo, se estima contar con trabajadores comprometidos con la igualdad de género y el medio ambiente o que presten sus redes sociales personales para promover la imagen y los servicios de la compañía.  

Una característica de estos procesos es que no solo se aplican a los dependientes en todos los niveles, sino que también son necesarios en los emprendimientos personales e incluso entre los profesionales, los trabajadores por cuenta propia o los informales.  De hecho, el éxito o fracaso de muchos emprendimientos empresariales, no depende únicamente de los entornos económicos o de los problemas sociales, sino de la existencia o no de competencias blandas entre sus trabajadores y ejecutivos.

Contrario a lo que podría pensarse, el desarrollo de competencias laborales, no es un asunto de interés solo de los trabajadores ya que, como lo señala la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico “las competencias se han convertido en la divisa global de las economías del siglo XXI, pues trasforman vidas e impulsan economías, y son clave para combatir la desigualdad y promover la movilidad social”.

Sin obviar los grandes problemas que afectan a los trabajadores, empezando por la precariedad y la desocupación, el desarrollo de habilidades y competencias en los trabajadores activos y en los estudiantes, debe ser también una preocupación fundamental del Estado y del sistema educativo que ya no puede seguir transmitiendo destrezas repetitivas, educando en la mediocridad y formando personas sin las capacidades sociales, valores éticos ni habilidades técnicas que el país y la sociedad necesitan.

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