12 de enero de 2023, 4:00 AM
12 de enero de 2023, 4:00 AM

Ni la violencia física de los grupos de choque, ni los insultos ni la descalificación en los discursos logran aplacar el espíritu libertario y democrático que reina en el país. Quedó demostrado el martes en el día de la protesta, a la que se sumaron ciudadanos de 9 departamentos con el pedido común de que cese el autoritarismo del Gobierno, que se libere a los presos políticos y que se cambie la nefasta justicia que hay en Bolivia.

Si el Gobierno pretendía encapsular el conflicto en Santa Cruz, enviando a policías abusivos a reprimir a ciudadanos que salieron a las calles a protestar, debe poner atención a lo que ocurrió en los nueve departamentos, donde las marchas fueron numerosas cuando no masivas y sorprendentes aún para los convocantes.

El martes, la violencia se trasladó a La Paz, los ciudadanos que salieron a marchar fueron agredidos con petardos, piedras y objetos contundentes, además de insultos y hasta escupitajos de miembros de los grupos de choque del Movimiento Al Socialismo. Se ha denunciado y fotografiado también a empleados públicos (que deberían ser servidores y no agresores de la sociedad). Allá, como en Santa Cruz, se observó la pasividad policial que no intervino para no gasificar a los miembros del partido que ejerce el poder, dejando una sensación de impunidad intolerable.

En respuesta anticipada, el presidente Luis Arce había criticado a la oposición: “Hoy la derecha se quiere ensalzar y nos quiere enseñar a nosotros a defender la democracia. ¡Aquí está el pueblo que defendió la democracia!”. Sus palabras se escucharon durante el acto de aniversario de la Federación de Mujeres Campesinas Bartolina Sisa, donde estaba la dirigencia de los movimientos sociales afines al Gobierno.

Alguien le hace creer al presidente que es el dueño de la democracia y que con tal título tiene carta blanca para reprimir a los que piensan diferente, a quienes ven en él un rasgo autoritario peligroso y dañino para el sistema de gobierno que dice que defendió. ¿Cree el mandatario que se protege la democracia con represión y con grupos de choque? ¿Opina que su falta de capacidad de escucha al pueblo y de diálogo para arreglar los problemas puede ser reemplazada con insultos y descalificaciones?

Ya se sabe que no quiere a Santa Cruz porque no puede ganar elecciones en este departamento y porque aquí se gestan protestas contra el atropello, por los derechos y el cumplimiento de las leyes. Se piensa que a eso se debe la dureza con la que trata a los cruceños. Sin embargo, no debe dejar de mirar al resto del país. No es poca cosa lo que se le está diciendo desde la calle en las nueve capitales de departamento y en varias ciudades intermedias.

La torpeza con la que está actuando el Gobierno contra la sociedad civil está calando en la mente y el alma de todos los bolivianos. Si tiene que sacar a funcionarios públicos a repeler las marchas ciudadanas, debería revisar el apoyo real que tiene a escala nacional. Se está equivocando el camino desde el poder central. A Bolivia le costó conquistar la democracia después de los gobiernos tiránicos de los militares, pero lo consiguió con valentía. Lo hizo una vez y ahora demuestra que la ciudadanía es capaz de salir a las calles de nuevo para recuperar esos valores.

Se anunció un cabildo nacional aún sin fecha. El presidente tendría que reflexionar y tender puentes, cambiar su estilo vertical y autoritario, y reconocer a todos los bolivianos, no solo a los que lo aplauden y le cuentan historias al oído. Debe hacerlo cuanto antes.

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