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POR: THE CONVERSATION

No podía ir con el resto de compañeros de oficina a un restaurante. Gema tiene enfermedad celíaca y como ella, muchas personas sufren todavía problemas de autoexclusión social por llevar una dieta libre de gluten obligados por su enfermedad.

La enfermedad celíaca es una afección del sistema inmunitario en la que las personas no pueden consumir gluten porque daña su intestino delgado. Se trata de un trastorno inflamatorio que puede afectar a distintos órganos. La mucosa del intestino delgado es el lugar de mayor afectación.

 ¿Intolerancia al gluten?

Este proceso inflamatorio está provocado por el gluten, una proteína que se encuentra en la semilla de diversos cereales (trigo, cebada, centeno o avena) y afecta a personas que son genéticamente susceptibles. Aunque suele diagnosticarse en edad infantil, también puede aparecer en los adultos.

La frecuencia con la que se presenta este trastorno no solo varía con el sexo y la edad, sino que también presenta diferencias según la localización geográfica.

Estas diferencias entre países podrían explicarse por factores genéticos y ambientales. Por ejemplo, la cantidad de consumo de trigo en su dieta habitual, la edad de introducción del gluten, la lactancia materna, las infecciones gastrointestinales o el uso de antibióticos, entre otros.

Enfermedad celiaca

Debemos ser conscientes de que la enfermedad celíaca es una condición de por vida. Conlleva convivir con una dieta libre de gluten para siempre y en todo momento. Hay muchas variables que dificultan mantener este tipo de alimentación. Por ejemplo, algunos autores han observado que la falta de etiquetado correcto de los ingredientes que componen los alimentos libres de gluten, junto con el elevado coste de los mismos, disminuye la adherencia a la dieta libre de gluten.

Este reto continuo de llevar una dieta libre de gluten de por vida ha sido estudiado por los autores de este artículo. Las conclusiones de este trabajo indican que las personas con celiaquía perciben la enfermedad como una experiencia negativa. Esta situación es fruto de la suma de todas las situaciones que les han ocurrido relacionadas con la dieta libre de gluten.

La moda y el gluten

En este sentido, otros estudios evidencian la falta de una mayor conciencia y apoyo social a todos los niveles. Observamos que esta enfermedad pasa muy desapercibida para la gran mayoría de las personas y solo conocen el alcance de sus repercusiones las personas afectadas y la gente del entorno familiar y social más próximo.

La tendencia a eliminar el gluten de la dieta comenzó como respuesta terapéutica a la enfermedad celiaca. Sin embargo, el consumo de productos sin gluten está experimentando un aumento vertiginoso en la población general que va más allá de los pacientes diagnosticados.

Las dietas libres de gluten se han extendido a la población sana que opta por una dieta sin gluten por moda o por la creencia de que los productos sin gluten son más saludables. También es común asociarla a una pérdida de peso o a una disminución de futuras enfermedades gastrointestinales, entre otras. 

Los expertos en marketing son conocedores de este fenómeno. Saben que el marcado de los productos con la etiqueta “libre de gluten” es importante para los usuarios a la hora de hacer la elección de la compra de un alimento.

¿Son más saludables?

Para simular las características que el gluten le confiere a los productos de panadería y repostería, es común añadirles más grasas saturadas, para aportar estabilidad, y más azúcar, para mejorar el sabor.

Estos cambios en la elaboración de los productos, con frecuencia, dan lugar a alimentos de alta densidad energética. Esta se asocia con excesos calóricos que conducen al sobrepeso y a la obesidad, los cuales se relacionan, a su vez, con problemas metabólicos.

Además, para las personas que sí tienen la enfermedad celiaca, existe un importante componente de aislamiento social. La dieta sin gluten también puede ser una fuente de preocupación, especialmente para los padres. Es común encontrar gluten en salsas, aderezos y alimentos en los cuales es difícil identificarlo, lo que nos llevaría a causar un problema a niños celíacos.

Por todo ello, es importante valorar cuál es el coste real emocional que les supone a las personas con esta afección y a sus familias la presencia de esta enfermedad crónica en sus vidas. La investigación de este fenómeno ayudaría encontrar las intervenciones más adecuadas para ellos.

Así, se podría plantear la necesidad de aplicar nuevas formas de intervención sociosanitarias que complementen las actuales y que permitan dar una respuesta global a las necesidades de salud del paciente afectado por la enfermedad celíaca.


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