Opinión

El legado de Evo Morales: una Bolivia polarizada

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20 de noviembre de 2019, 3:00 AM
20 de noviembre de 2019, 3:00 AM

Texto: Michael Stott / Andres Schipani

Tres victorias electorales lo convirtieron en una figura totémica, pero su cuarto intento fue su ruina.

Las palabras de Evo Morales cuando renunció como presidente de Bolivia en un dramático discurso televisado desde el área de cultivo de coca en el oeste del país que ha sido su bastión de apoyo, ofrecieron pistas sobre su estatura política y longevidad, así como sobre los enormes desafíos que deja atrás.

“Ha habido un golpe de Estado civil, político y policial”, dijo el domingo. “Mi pecado es ser indígena, líder sindical y cocalero”.

El Sr. Morales dijo que esperaba que su renuncia pudiera reducir las tensiones y pacificar a los manifestantes enfurecidos por su cuarta victoria. Pero la situación no se ha resuelto desde entonces, ya que ha habido informes de saqueos y actos de violencia.

El Sr. Morales, de origen indígena aimara, empoderó a los grupos indígenas del país a diferencia de los líderes que lo precedieron. Redujo la pobreza a la mitad y presidió el rápido crecimiento económico del país, impulsado por las exportaciones de una industria de gas que él nacionalizó. Estas políticas resonaron en un país donde la servidumbre solo se había abolido en 1945 y en donde se les había prohibido la entrada a los indígenas a la plaza afuera del palacio presidencial hasta 1952.

Tres convincentes victorias electorales lo convirtieron en una figura totémica para la izquierda de América Latina, con una influencia en todo el continente que desmintió la modesta población e influencia económica de Bolivia; el Sr. Morales dedicó su victoria de 2014 a la causa del antiimperialismo y a sus héroes, Fidel Castro y Hugo Chávez.

El Sr. Morales les brindó un reconocimiento sin precedentes a los grupos indígenas del país y gastó generosamente en programas sociales. Pero hizo poco para unificar a la nación diversa y sanar sus profundas divisiones raciales y políticas.

Durante el tercer mandato del Sr. Morales, su gestión de la economía aparentó ser cada vez más insostenible. El crecimiento se desaceleró a pesar del derroche de gastos, y la deuda pública se disparó de 38% del producto interno bruto en 2014 a 53% este año, según el Banco Mundial. Las reservas de divisas casi se redujeron a la mitad bajo la presión de un tipo de cambio fijo artificialmente alto frente al dólar. Se prevé que el déficit presupuestario alcanzará 8% este año.

“Evo deja el país en una situación muy difícil”, dijo Filipe Carvalho, quien sigue a Bolivia para Eurasia Group, una consultora de riesgo político. “Hay una moneda sobrevaluada que necesita ser devaluada y el país ha consumido una tonelada de sus reservas”.

La legitimidad del Sr. Morales se puso en tela de juicio por primera vez cuando los votantes en 2016 rechazaron -a través de un referéndum- su intento de postularse para un cuarto mandato al manipular una constitución que él había diseñado solo unos años antes. Sin embargo, en esa ocasión, un tribunal constitucional repleto de partidarios dictaminó que los límites de los términos violaban sus derechos humanos.

En el momento de las elecciones de octubre, ya habían surgido grafitis en La Paz y Santa Cruz, las ciudades más grandes, denunciando al Sr. Morales como un dictador.

Adela Colque, una mujer indígena que estaba protestando en La Paz, dijo que el Sr. Morales “ha estado alimentándose del poder durante 14 años. He votado por él en el pasado, pero esta vez fue demasiado. ¿Y entonces se atrevió a robar las elecciones? Ha olvidado lo que era: un hombre del pueblo”.

La OEA dijo el fin de semana que su investigación sobre la votación había indicado una “manipulación clara” a favor del Sr. Morales y pidió nuevas elecciones. El Sr. Morales aceptó ese llamado para nuevas elecciones, pero luego perdió el apoyo de la policía y del ejército, quienes se unieron a las protestas de la oposición en masa, lo que llevó a los generales a pedirle que renunciara.

Su repentina partida deja atrás a un país dividido entre sus partidarios indígenas y sindicalistas, y la oposición predominantemente blanca, mestiza y de clase media.

En un discurso incendiario de despedida, el Sr. Morales acusó a los líderes de la oposición Carlos Mesa y Luis Fernando Camacho de “perseguir a mis hermanos líderes sindicales”, de incendiar las casas de sus seguidores y de secuestrar a sus familias. En un tuit el lunes los acusó de ser “racistas y golpistas”. Los residentes de La Paz acusaron a los seguidores del Sr. Morales de actos de violencia en contra ellos.

Ahora, un país que tuvo un periodo de relativa estabilidad parece estar encaminado hacia un periodo de agitación. Nadie sabe quién ganará las nuevas elecciones, cuándo se celebrarán o incluso quién participará en ellas; el Sr. Morales no tiene un sucesor claro y no está claro si se le permitirá postularse en las próximas elecciones.

“Como me dijo un funcionario del gobierno”, dijo el Sr. Carvalho: ‘Si Evo se postula y gana, nos convertiremos en Nicaragua. Si el Sr. Mesa gana, nos convertiremos en Argentina”.



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