Este es el editorial de EL DEBER

24 de abril de 2020, 10:20 AM
24 de abril de 2020, 10:20 AM

La presidenta Jeanine Áñez lleva 17 días sin responderle a la Asociación Nacional de la Prensa (ANP), que el lunes 6 de abril le hizo una llegar una carta en la que le advierte de un inminente colapso financiero de los medios impresos del país como resultado de la emergencia sanitaria por la que dejaron de circular desde hace un mes. 

La ANP es la organización que agrupa a prácticamente todos los diarios del país y que en conjunto dan empleo de manera directa a más de mil profesionales y trabajadores de la comunicación y la industria gráfica, sin contar a los trabajadores indirectos como las organizaciones de voceadores y sus familias, que viven de la venta de los periódicos.

Si por alguna razón en particular llama la atención el silencio de la presidenta es porque creímos que el gesto soberbio y discriminatorio hacia los medios de comunicación independientes era un patrimonio exclusivo de Evo Morales en sus 14 años de poder, pero a juzgar por las señales de este gobierno hacia lo medios impresos en estos meses, da la sensación de que en realidad esa conducta es una condición intrínseca de quien ejerce el poder, sin distinguir si es de izquierda o derecha. 

Los periódicos son el registro de la historia que corre por las venas de la democracia. Sus luchas por ser el contrapeso del poder cuando éste tiende a la tiranía, así como su rol en la defensa de los derechos ciudadanos, los hacen no solo aliados sino custodios incondicionales del sistema democrático.

Hoy, esas instituciones de la democracia y la historia ven amenazada su existencia porque por primera vez en la historia han dejado de salir a las calles, y en esa emergencia dejaron de percibir sus ingresos, que en más del 95 por ciento dependen de la venta de publicidad y los ejemplares impresos. 

Los diarios no buscan el lucro, son empresas de responsabilidad social y por ello mismo no pueden merecer la misma atención que empresas de otra naturaleza como insinuó el ministro de Economía, José Luis Parada. 

Los diarios no son un negocio, y mucho menos en la era de la digitalización de contenidos donde crecen las audiencias, pero no se generan ingresos para quienes invierten en la producción de contenidos. 

Los medios impresos hemos sobrevivido a la asfixia económica de más de 14 años del gobierno de Evo Morales, a la crisis política de octubre y noviembre del año pasado y ahora enfrentamos la paralización de nuestra actividad económica en resguardo de la salud de nuestros trabajadores, pero no abandonamos nuestra responsabilidad de informar y orientar a la población de la epidemia por el Covid-19 a través de nuestras plataformas digitales.

En su carta, la ANP le solicitó a la presidenta Áñez delegar a alguna autoridad del gobierno para analizar y explorar alternativas inmediatas que salvaguarden las fuentes de trabajo de los periódicos y eviten el colapso probablemente irreversible de las empresas emblemáticas de la prensa boliviana.

17 días después de enviada la carta, como medio asociado a la ANP expresamos nuestra extrañeza por la aparente indiferencia de Áñez, que bien podría no ser tal, sino una confirmación de una política de trato marginal hacia los diarios, no muy distinto al que hemos soportado en la era Morales.

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