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Argentina ha ofrecido pagar hasta 20 dólares por millón BTU de gas natural boliviano, en lugar de los 6 dólares que estaba pagando, lo que es una buena noticia, pero quizá sea mejor pensarlo con calma.

El país más endeudado de la región, donde crece ahora la corriente de quienes proponen suspender todos los pagos de la deuda externa, no inspira confianza.

Pero no hay que ser muy duros con los argentinos. Bolivia tiene un cargo de conciencia con ese país.

La cocaína que llega allá, en forma de “lluvia blanca”, procede del industrioso Chapare, un territorio ajeno a las leyes bolivianas.

Respecto del gas que llega a Argentina por un ducto y no como lluvia blanca, es probable que YPFB decida ahora, ante semejante oferta, enviar a Argentina todo el gas que pueda soportar el gasoducto, para lo que quizás tenga que echar mano a una parte del cupo que corresponde a Brasil, o incluso a Bolivia.

Pero alguna duda aflige al Gobierno de Luis Arce. No cree mucho en la oferta argentina y, en previsión de ello, ha decidido crear un impuesto para pagar el Bonosol, ahora llamado Renta Dignidad, a los mayores de 60 años.

Si confiara en la capacidad de pago de Argentina y creyera, al menos un poquito, en sus propios anuncios de un gran despegue de la economía, no estaría creando un indigno impuesto a los asalariados del país.

El prestigio argentino como país que paga sus deudas está muy esmirriado. En realidad, es el país menos pagador de la región. Debe algo así como 350.000 millones de dólares, pero se sigue endeudando.

Solo los narcos bolivianos no tienen quejas: los argentinos pagan al contado por la droga que reciben. En ese caso, las deudas se ejecutan, o directamente los deudores.

La vicepresidenta de Argentina, Cristina Kirchner, cree que es un insulto al orgullo argentino comprometerse a pagar parte de la deuda externa. Esta señora quiere que su país haga lo que ella: no pagar deudas, y menos con la justicia.

El drama es que la única oportunidad de Bolivia para mejorar sus ingresos por exportaciones es esta oferta del país menos pagador de la región. A buen palo te arrimas.

El recuerdo del “borrón y cuenta nueva” aplicado en 1991 a pedido de Argentina, porque no podía pagar su anterior deuda por el gas natural, es un fantasma que asusta.

La negociación se saldó entonces con la entrega de unas carretillas argentinas, que están depositadas en almacenes de YPFB, herrumbradas y sin uso.

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