19 de junio de 2023, 4:00 AM
19 de junio de 2023, 4:00 AM

¡Corrupto, narcotraficante, ladrón, traidor! Esos y otros insultos de grueso calibre que se profieren en peleas callejeras o en trasnoches llenos de todos los excesos también se han convertido en lenguaje común de dirigentes, parlamentarios y militantes del Movimiento Al Socialismo, aparentemente dividido entre evistas y arcistas. Y cuando las injurias quedan cortas sin problema alguno se pasa a los golpes y sillazos.

El MAS, que despertó ilusiones cuando ganó por primera vez las elecciones generales, ha perdido el concurso de políticos y ciudadanos que, antes de recurrir a la diatriba, eran capaces de proponer argumentos e ideas políticas, e incluso hacían tímidas autocríticas.

En las facciones del MAS están plenamente identificados los políticos que, con ciertas actitudes chabacanas, han salido del anonimato para ocupar el podio de los parlamentarios carentes de formación e ideas que justifican sus dietas a fuerza de insultos y ofensas, habiendo degradado el discurso político a su más bajo nivel, tanto que son indignos de llamarse padres o madres de la patria.

Desde el punto de vista semiológico, habrá que decir que el lenguaje dominante en un grupo social es reflejo de la personalidad, conducta y valores de sus miembros. Así, en una universidad es lógico escuchar de investigación, estudios clínicos, filosofía o literatura. En una organización deportiva seguramente se habla mucho de disciplina, vida sana, esfuerzo físico y mental, sacrificio y descanso. Por el contrario, en una organización criminal se hablará de asaltos, fugas, armas y capturas.

En ese contexto, ¿qué conclusión puede sacar uno del lenguaje que utilizan a diario los dirigentes del MAS? A lo que se debe añadir que la pugna interna explotó por pegas, recaudaciones obligadas y prebendas, como se refleja a diario en las declaraciones públicas de personajes que, sin rubor, admiten que recibían incentivos económicos ilegítimos, por decir lo menos.

Ahora bien, tanto por el lenguaje como por las acciones políticas concretas, es evidente que en el MAS existe una fuerte confrontación interna que algunos políticos califican como división y basados en esa percepción se alistan para correr en las próximas elecciones.

Pero, a juzgar por las últimas interpelaciones parlamentarias, la bancada masista ha demostrado un claro pragmatismo: salvarán a todos los ministros por muy nefastos que sean porque nunca le otorgarán una victoria a la oposición.

Hábiles como son, se han convertido en su propia oposición y le han robado la escena a las demás fuerzas políticas.

El sábado 17 de junio se vivió un nuevo capítulo de esta trama. En La Paz se reunieron el gabinete ampliado y los parlamentarios del ala renovadora; paralelamente, en Chapare, Evo Morales y las federaciones cocaleras también tuvieron su propio encuentro y anunciaron por enésima vez la candidatura Evo 2025.

Paradójicamente, el MAS que repite insistentemente el relato del golpe de Estado y la recuperación de la democracia no admite la disidencia interna. La dirigencia radical afín a Morales se estrella contra Luis Arce y David Choquehuanca y busca expulsarlos de su propio partido.

Así está el MAS, sumido en su propia degradación y víctima de la angurria de poder de sus principales dirigentes. Lo lamentable es que sigue siendo la primera fuerza política de Bolivia, lo penoso es que se multiplican los hechos de corrupción y lo imperdonable es que se están llevando a los bolsillos las escasas esperanzas de construir una sociedad más transparente y justa.

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