Opinión

El MAS y la implosión política

29 de abril de 2021, 5:00 AM
29 de abril de 2021, 5:00 AM

La implosión, se produce cuando en un cuerpo se registra una presión inferior a la exterior, lo que provoca que sus paredes se rompan hacia dentro. Por eso, en el lenguaje coloquial, suele decirse que una implosión es una especie de explosión hacia dentro: el elemento que implota se derrumba sobre sí mismo por una fuerza externa.

La implosión en política se da porque la presión interna es más fuerte que la externa, cuando el liderazgo o el movimiento es incapaz de sostener las corrientes de pensamiento ni pueden ser expresadas al interior del instrumento político.

Las explosiones políticas son más notorias y publicitadas que las implosiones. Un ejemplo claro de explosión fue la reacción espontánea, pacífica y firme de las sociedad cruceña y boliviana al sentirse estafada y burlada en su voluntad con el fraude comprobado de noviembre de 2019: la gente salió a la calle hasta lograr la salida del dictador; en cambio, la implosión es progresiva, paso a paso, más distanciada en el tiempo, pero cuando aflora tiene el efecto de un tsunami, porque viene desde adentro.

Lo que está sucediendo al interior del MAS, es un caso típico de implosión política, que se puede ver por varios factores, que ellos no son capaces de analizar porque los que están alrededor de Evo Morales, no pueden hacerlo, ya que la capacidad de reflexión del ‘jefazo’ es nula, pues él es un sindicalista intuitivo, no un político reflexivo y autocrítico.

Cuando Evo se siente acosado, distribuye al aire amenazas y mentiras, mientras más aislado está, tratará de mostrarse poderoso, aunque está claro que su orfandad no dejará de crecer, ni tampoco su agresividad.

En nuestra historia republicana, los ejemplos de la finalización de ciclos políticos por implosión abundan. El MNR con Víctor Paz como presidente fue derrocado por su propio vicepresidente René Barrientos a pesar de que toda la resistencia la hizo Santa Cruz y la Falange arropado en el Comité pro Santa Cruz. La mayor y más eficiente resistencia a la dictadura militar de Banzer la hizo el MIR, durante la década del 70 y sin embargo fue su ministro del Interior y candidato Juan Pereda Asbún quien lo derrocó luego del fraude electoral de 1978. Los gobiernos militares eran sustituidos por otros gobiernos militares, a pesar de ser los civiles quienes estaban en las calles pidiendo democracia.

El Evo Morales que salió producto de la rebelión popular pacífica en 2019, no es el mismo que volvió en 2020, queriéndose adjudicar una victoria que ya no le pertenecía, y el MAS que dejo en orfandad no es el mismo que volvió con Luis Arce al Gobierno.

“Ganaremos 8 gobernaciones en estas elecciones”, sentenció Morales y han ganado tres, una con mayoría absoluta en Cochabamba y dos con mayoría relativa en Oruro y Potosí, perdiendo las otras 6 con un componente interesante. En La Paz, pierde con “Jallalla”, movimiento fundado por Felipe Quispe (+), de extracción Aimara popular y con votaciones en sitios donde el MAS era imbatible, como Achacachi, con el voto en contra de MAS del 80%.

También es derrotado en El Alto y en la ciudad de La Paz. En el Alto, Chuquisaca y Pando, las autoridades electas que derrotaron al MAS, provienen de sus filas. Esto lleva a la constatación que Evo Morales se ha convertido en un liderazgo agotado prematuramente y expulsor de nuevos líderes que surgen como expresión política de la insurgencia popular. El MAS, por la carga negativa de corrupción, nepotismo, ineficiencia, narcotráfico, está empezando a hacer implosión, y los nuevos dirigentes están siendo acogidos por la sociedad fuera de su instrumento político de origen.
Administrar un país en bonanza generada por los “neoliberales” que tanto destrozan, no es lo mismo que gobernar un país en crisis generada por ellos mismos con sus políticas erróneas y el despilfarro de recursos en 14 años. El coronavirus ya no es solo un problema de salud pública, ya se ha convertido en un problema político y de exclusión regional, incluso de clase, minimizando los efectos letales y económicos de la pandemia. A la inmovilidad gubernamental, el irrespeto a las leyes, el despreciable manejo de la justicia, la violación permanente de los Derechos Humanos, el mantener a la ex presidenta constitucional detenida y sin derecho a un debido proceso como dice su propia Constitución, más como rehén de los odios profundos y el deseo de venganza del jefazo, se suman el desprestigio del liderazgo del propio Morales. Ese conjunto de factores coadyuvan a la implosión.
Solo espero que el desemboque a esta tensa situación en Bolivia sea para reconquistar la democracia, la libertad, la justicia y la paz. Ahí está el desafío de los nuevos actores políticos que no pueden sentarse en su vereda, viendo pasar un envejecimiento prematuro y el ocaso de un proceso político que se degeneró por la ambición ilimitada de poder de su jefe y el entorno delincuencial que lo rodea.



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