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27 de junio de 2023, 4:00 AM
27 de junio de 2023, 4:00 AM

El mundo fue testigo de la rebelión del grupo Wagner en Rusia. Un escuadrón paramilitar que marchó sobre varias ciudades rusas en contra del presidente, Vladimir Putin, que lleva ya 23 años en el poder y que no piensa retirarse. Fue sorprendente, ni duda cabe; sobre todo porque se asestó un golpe político y militar contra el régimen autoritario que hay en este país de Europa y Asia.

El grupo Wagner es una facción que ha estado al servicio de Vladimir Putin para las peores tareas de la guerra contra Ucrania. Es uno de los grupos que pugnan por el poder que está bajo un ala del líder autoritario. Al otro lado, está el sector que lidera el ministro de Defensa de ese país. De acuerdo con los reportes periodísticos internacionales, a Vladimir Putin los desencuentros entre ambos bandos no le afectaban, bajo la lógica del dividir para reinar, pero un día se salieron del marco y causaron pánico.

La rebelión de una de las facciones dejó perplejo al líder del Kremlin, no solo porque se trataba de un grupo armado hasta los dientes o porque sus miembros tenían entrenamiento especializado, sino porque logró avanzar sin ser detenido en toda un área de ese inmenso país, habían tenido la condescendencia de fuerzas militares que vigilaban el sur y también la complacencia de grupos poblacionales que solo observaron, sin oposición, sin resistencia. Este hecho demuestra que Putin no tiene pleno respaldo militar ni popular y esto enciende sus alarmas.

Lo que hizo este grupo fue rebelarse y avanzar desde la frontera con Ucrania hasta el corazón mismo de Rusia. Son 25.000 soldados, una cantidad pequeña comparada con el total de las fuerzas militares. Pero la gran sombra es la duda y el miedo. A Putin le queda la duda acerca de cuánto y a quién confiar sus movidas estratégicas de la política. No solo no pudo reprimir la sublevación, sino que al mundo le ha quedado la certeza de que Rusia es vulnerable y que Putin es frágil. Quedó dañada su confianza, pues se dio cuenta de que ni es todopoderoso ni todos le rinden pleitesía.

Es reprochable la incursión del grupo paramilitar Wagner, pero también es censurable el modo autocrático de gobernar que tiene Putin, porque ha dejado una estela de mentiras, de represión, de falta de democracia y la imposición de invadir Ucrania a como dé lugar, independientemente del costo social y económico que el capricho puede tener.

Los autoritarios se quedan solos. Ya no confían en nadie y solo ven fantasmas a su alrededor. Esa obsesión por el control los hace alejarse de la realidad del resto de los ciudadanos y el precio se paga en lo que ellos llaman traiciones. El mismo comportamiento se puede ver en otros países, donde se deshace la institucionalidad, donde se impone el dividir para reinar, donde se reprime a quienes piensan diferente. El saldo de la rebelión en Rusia muestra que los autoritarios se sienten solos, huelen la traición y no duermen en paz asumiendo que en cualquier momento les clavan el puñal por la espalda.

Esta situación está ocurriendo muy lejos de la región, pero parece muy cercana porque los patrones se repiten cuando la democracia no se respeta a plenitud.

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