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16 de agosto de 2023, 4:00 AM
16 de agosto de 2023, 4:00 AM

Por Azucena Fuertes Mamani, trabajadora y comunicadora social

Un horrible monstruo de tres cabezas, “corrupción, crisis económica y narcotráfico”, ha ido alimentándose en los últimos 17 años en Bolivia, convirtiéndose en un gigante que devora Bolivia.

La primera cabeza, la corrupción: solo un ejemplo por el grado de inhumanidad que representa, la terrible muerte de Marco Antonio Aramayo, quien denunció la megacorrupción del Fondo Indígena y cuyos principales protagonistas gozan hoy de impunidad, fue víctima de tal persecución judicial por seis años, que aún hoy a su tumba le siguen llegando notificaciones que demuestran lo podrido de nuestro sistema judicial.

Ejemplos más locales se hallan en las denuncias, por ejemplo, de las ambulancias fantasmas en Potosí, donde incluso la Procuraduría del Estado identificó el contrato firmado por el gobernador por Bs 20,5 millones para la adquisición de 41 ambulancias a una empresa de reciente creación que se presentó al proceso de adjudicación con un NIT que no le correspondía y el acta de recepción firmado como si los vehículos estén en Potosí, cuando los mismos ni estaban en el continente y posteriormente atracaron en puertos chilenos y –según informes de prensa nacional- fueron comercializados por mafias internacionales dedicadas al mercado gris de vehículos.

¿Algún detenido?, ninguno, incluso se permitió una millonaria cuota colectiva entre los imputados y otros funcionarios de la Gobernación para cubrir la no ejecución de la póliza de garantía. ¿Mano de seda de la justicia en Bolivia para tratar las denuncias de corrupción si los involucrados son del MAS?

Y esa corrupción también va devorando de a poco a cada familia, cuyo interés por sobrevivir es obstaculizado por las “coimas” y “mordidas” del Estado a cada paso, desde lo personal hasta lo público: para obtener un terreno, para construir una casa, para comprar un vehículo, para nacionalizarlo, para acceder a la educación superior, para obtener un cargo, para mantenerlo, para conseguir un contrato, para salir de la cárcel, para no ser juzgado o sentenciado, etc.

Segunda cabeza del monstruo, la crisis económica: que de la falta de circulación de dólares ha pasado a la falta de dinero en el bolsillo del ciudadano, no por nada el 77% de la población considera que el Gobierno no ayuda a la economía de los bolivianos, el 79% considera que económicamente el país va por mal camino y el 61% considera que su propia economía es débil -según la encuesta de Cies-Mori-. “No hay plata y no hay trabajo”, se escucha a menudo en la gente, sea del campo o la ciudad, que debe hacer peripecias para llegar a fin de mes.

La tercera cabeza del monstruo, el narcotráfico: que está también destruyendo nuestro capital social, al extremo que su actuar ha anulado la credibilidad nacional en el actuar de la Policía, el Ejército y la Justicia en Bolivia para combatirlo, hemos llegado al extremo de que un “narco” llame “burro” al ministro de Gobierno de Bolivia y agradezca públicamente a un director policial por alertarlo a tiempo para evitar su captura.

Los múltiples hallazgos de fábricas de droga “sin detenidos” difundidos masivamente por el Gobierno, confirman en la población esas alertas ¿ningún detenido?, ¿es posible?, ¿parecería que hay acuerdos entre la Policía y los narcos?, ¿por qué llegan cuando todos han escapado?; se escucha preguntar a la gente en las calles y redes sociales.

Y así día a día, este monstruo de tres cabezas se devora Bolivia, ante la indiferencia de gobernantes, que dicho sea de paso se muestran absorbidos por una dizque guerra interna y en permanente campaña electoral, antes que en resolver los problemas del país, varios de ellos esenciales, como es el caso de Potosí.

Hasta hoy no contamos con un hospital de tercer nivel en funcionamiento, pese a tener garantizados los recursos para infraestructura, equipamiento y recursos humanos por el BID (Banco Interamericano de Desarrollo), y la infraestructura concluida desde 2022. En Potosí nos morimos por falta de atención médica especializada.
No contamos con un aeropuerto siendo Patrimonio de la Humanidad, para llegar a Potosí debe volar hasta Alcantarí en Chuquisaca y de ahí tres horas de viaje incluyendo el tránsito por caminos de tierra.

Somos el principal productor de zinc, 90,9% del zinc que exporta Bolivia, y a la fecha ni una planta de zinc instalada. Contamos con la principal reserva de litio en el mundo, pero la ley de recursos evaporíticos permanece sin tratarse en el Parlamento.

En este contexto, ¿se animará el Gobierno a eliminar al monstruo de tres cabezas?, ¿se atenderán al fin las necesidades de Bolivia?

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