16 de agosto de 2021, 5:00 AM
16 de agosto de 2021, 5:00 AM


Algunos sostienen que, aunque ya sufrimos las consecuencias, todavía podemos revertir la situación. El reciente informe de Naciones Unidas sobre el cambio climático ha dado un sopapo a la humanidad que retumbó en los rincones del planeta. Doscientos expertos en la materia examinaron más de 14.000 artículos científicos para escribir en 3.949 páginas una evaluación de cómo estamos y lo que vendrá.

Mientras nos cuentan varios países están en llamas, Estados Unidos, Grecia, Bolivia, Brasil, por nombrar algunos. Por su parte Europa registra las temperaturas más altas de la historia. Por ejemplo 48 grados centígrados en Sicilia evidenciando que no hablamos de teoría, sino que la realidad es una papa caliente y quema.

El informe señala que en 9 años, por ejemplo, entre 2011 y 2020 la temperatura subió poco más de un 1,1 grado Celsius lo mismo que en 50 años, como lo hizo entre 1850 y 1900. Este acelerado ritmo de depreciación nos quema el sueño. Las temperaturas son más altas y las olas de calor, más frecuentes.

Las predicciones del informe indican que en los próximos 20 años las temperaturas aumentarán 1,5 C pronosticando más calor, más lluvias y algunos tipos nuevos de sequías. Estos fenómenos se irán exacerbando en su magnitud y en su frecuencia

Para otros científicos el daño ya es irreversible. Admiten, que hagamos lo que hagamos, hay situaciones que ya no dependen de la buena voluntad. Cuando nuestros nietos vivan en el año 2100, el nivel de agua de los océanos subirá dos metros. Y en los siguientes 50 años va a subir 5 metros más, es decir van a catapultar a decenas de ciudades, incluso podrían desaparecer países enteros.

Si proyectamos las consecuencias de esa imagen es un informe que estremece leer. Eventos extremos, violencia, escapes, migraciones y mucho más. Pareciera ficción, pero estamos sujetos a que la realidad la supere.

Toca replantear la dirección hacia donde nos dirigimos, bajo un sistema, una lógica que poco importa el mañana y casi nada la planificación a largo plazo, porque nos preocupamos exclusivamente en el ahora y lo concebimos como que es lo importante hasta defenderlo a toda costa. Llegamos a un lugar donde la razón y la sensatez se vuelven casi nada.

El hombre con sus prácticas desmedidas ha calentado la atmósfera, la tierra y el océano. Si veneramos la Madre Tierra, seamos coherentes y consistentes con lo que decimos.

La crisis climática y global afecta a todos y es por eso que vemos canales y ríos secos provocando pérdidas en el transporte fluvial y ferroviario en Bolivia. No es un tema de otros, es acá y ahora. La nieve de nuestras montañas ha desaparecido y así en todas las latitudes del continente los efectos son evidentes y palpables.

Las consecuencias de la quema en el Amazonas y en la Chiquitania las estamos sufriendo hoy y no solo en Bolivia.

Habrá que reinventar lo que hacemos, cómo trabajamos y producimos, y clarificar los nuevos rumbos que debemos tomar midiendo las consecuencias del vecindario nuestro de cada día. Los Gobiernos deberán reducir emisiones de gases de efecto invernadero al menos a la mitad, así podremos detener el aumento de temperaturas. Esto se hace utilizando tecnología limpia y plantando árboles. Los caminos a tomar son claros, si plantamos árboles iremos mejor, pero si los quemamos y contaminamos las aguas al mismo tiempo de llenarnos la boca con el cuidado de la Pachamama, ya sabremos lo que nos espera.



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