4 de abril de 2023, 4:00 AM
4 de abril de 2023, 4:00 AM

Muchas veces la vida comercial de las fronteras es activa, promiscua, asombrosa e indescifrable. Una reciente investigación, cuyo informe ha sido publicado por este medio, revela los oscuros intersticios de la corrupción cómplice y dañina que provocan algunos negocios en el norte de Bolivia y Chile. Se trata de una nueva incursión al tenebroso mundo de los autos ilegales; su ingreso al país y cómo se entretejen los números de ese millonario negocio.

La mayoría de los autos llega de Dubái a Iquique, con franquicia aduanera como acondicionados. La mayoría de los “chutos” entra a Bolivia por pasos no autorizados en la frontera Pisiga-Colchane.

No es de ahora el auge del negocio “gris” de autos en Iquique, pero sí desde hace algún tiempo, menos largo, la subfacturación para evadir impuestos y reducir costos. Las distintas etapas de este lubricado procedimiento impactan en la economía e incluso en el desarrollo del sector.

Esta informalidad, como en otros rubros, genera competencia desleal desde la mirada macroeconómica y sectorial, pero desde el punto de vista individual, del consumidor, afronta riesgos. Se desconoce si la unidad que se adquiere es robada, mal usada, averiada, aunque se venda como nueva o el riesgo que tenga problemas estructurales comúnmente conocidos como el truco de vender “gato por liebre”.

Esta maraña de especulaciones y negocios se lleva a cabo sin los controles suficientes de las autoridades (in)competentes haciendo la vista gorda hacia otras latitudes. Poco costaría implementar ciertos mecanismos tecnológicos, por ejemplo, para darle seguimiento a la importación de los vehículos de lujo o alta gama que ingresan al país por estas vías.

¿Qué medidas se están tomando?, aumentar los controles aduaneros, revisión de automóviles que ingresan al país, donde se han descubierto algunos casos; sin embargo, bien conoce la Aduana boliviana que en 2021 ingresaban hasta 70 vehículos ilegales por día. De los autos con facturas subvaluadas existía un registro de al menos 500 por mes, según la Cámara Automotriz Boliviana.

Otra pregunta es ¿quién o quiénes se benefician para que nada cambie en un negocio que tanto mal hace al colectivo de un país o en definitiva a las arcas de recaudación?

Llama la atención la cantidad de bolivianos que viven y transitan por Iquique. Allí la mayoría de los sitios que realizan trámites, traspasos, manifiestos, cambios de volante, reexpediciones y otros, es dirigida por bolivianos.

‘Empresarios’ dedicados a ingresar autos ilegales, a entregar las facturas subvaluadas, con la garantía que llegarán a destino. Hecho el traspaso, la oferta es correspondida por una alta demanda también de bolivianos que compran y hacen negocios con estas movilidades de alta y media gama dejándolas en Challapata o Patacamaya, incluso hasta en los valles cruceños. Este menú de propuestas dilapida cualquier intento de transparencia discursiva. Negocio de mafias donde pocos ganan a costa de todos. Denuncias concretas a la luz del día. En caso de que nadie denuncie, aunque sea de oficio habrá una declarada complicidad de las autoridades pertinentes para que todo siga por la misma ruta, en favor de un escenario ilegal donde la corrupción continúe intoxicando un sistema corroído y lacerante.

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