Opinión

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El nuevo perfil de los candidatos

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21 de junio de 2020, 3:00 AM
21 de junio de 2020, 3:00 AM

Norah Soruco

Ya resulta una afrenta al pueblo boliviano, la prisa y mal disimulada desesperación con la que algunos candidatos y sus oficiosos corifeos insisten en la pronta realización de elecciones nacionales; no hacen más que demostrar que a lo que menos apuntan es al  interés nacional, a la solidaridad en la lucha por la defensa de la vida, la salud y  el bienestar de sus potenciales electores en los días dramáticos que vivimos, y a los que dicen ‘querer’ servir con una gran dosis de cinismo e impostura.

Varios de ellos, si no todos, conocen el estado de abandono de nuestros sistemas públicos, en particular de educación y salud, pero ni aún durante la pandemia hemos visto su explícita preocupación y propuestas para encarar con la prioridad e importancia la reingeniería y drástica transformación requerida, pretendiendo su supremacía de manera tan grosera que no hay acto ni declaración de unos y otros que no estén teñidos de la hoy por hoy, indeseada connotación electoralista.

Pero es lo más probable que estos presidencialistas apegados a los manuales de la vieja política, se lleven una o varias sorpresas a consecuencia de la Pandemia del  coronavirus, cuando por fuerza constaten que no lograrán el voto ciudadano por la vía del cálculo oportunista de la emergencia y ya no les alcanzarán los vacuos discursos y los rasgos populistas. Por lo tanto, debieran usar este tiempo en reflexionar, autoevaluarse y reinventarse.

El desvelamiento de las perversas estructuras y procesos del Estado determina nuevas y mayores exigencias a los candidatos, en un nuevo perfil comprobable de la capacidad para hacer lo que se debe hacer lejos de la angurria por los beneficios en provecho propio, y junto con ello, el carácter para asumir con valor y firmeza las consecuencias de las decisiones que el país requiere, es decir inteligencia y autoridad para sostener sus decisiones frente a los corcoveos que se les puedan presentar de parte de los opositores de siempre, como de los portadores de un proyecto fincado en ideologías ajenas que quieren volver por los caminos más sinuosos.

La dramática situación desnudada por la Pandemia, pero que viene desde mucho antes, ha demostrado con absoluta contundencia que nuestro modelo de Estado ha hecho aguas por todas partes en sus estructuras y sistemas, donde además de su obsolescencia, está incrustada la desgraciada implantación de antivalores desde mucho tiempo atrás y hay que trabajar creativa e intensamente en su transformación, porque continuar por el mismo camino y con los mismos moldes será llevar al pueblo boliviano hacia la catástrofe.

Y esto no es suponer nada fuera de lugar; sabemos muy bien que el próximo gobierno recibirá el país con una institucionalidad destruida, una economía en profunda crisis y, por si fuera poco, una enorme deuda social que será demandada con premura en muchos frentes. 

Por consiguiente, ya es ineludible que quienes aspiran a ejercerlo, deban sincerarse consigo mismos para ver si tienen o no, una visión de país en todas sus dimensiones, si conocen y saben reconocer que Bolivia es más grande que su visión ‘introcentrista’ y si tienen la capacidad de abrirse a los procesos dinámicos del mundo y sus impactos. 

En suma, si tienen las espaldas, el coraje y la solvencia para estar a la altura del desafío que tendrán por delante. Y en caso de que no, sepan tener la sabiduría, el desprendimiento y la decencia de dar de baja sus candidaturas abandonando una carrera presidencial que no es para ellos.  Así que, fuera la urgencia y la irresponsabilidad electoralista, empleen el tiempo en cumplir con Bolivia de una manera más sana, constructiva y generosa.

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